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martes, 16 de junio de 2026

 LA HOSPITALIDAD EN EL CAMINO DE SANTIAGO

HOSPITALES, ENFERMEDAD Y CARIDAD MEDIEVAL

La hospitalidad en el Camino de Santiago constituye uno de los rasgos más definitorios y humanos de la peregrinación jacobea. No se trata únicamente de un elemento práctico, sino de un auténtico pilar espiritual y social que permitió sostener, durante siglos, el flujo constante de peregrinos que se dirigían hacia Catedral de Santiago de Compostela. En un tiempo en el que viajar implicaba riesgos constantes —hambre, enfermedades, asaltos o condiciones climáticas adversas—, la red de hospitales se convirtió en una garantía de supervivencia.

La inmensa mayoría de los peregrinos solo pudo completar su viaje gracias a la existencia de estos centros asistenciales, dispuestos estratégicamente a lo largo de las rutas jacobeas. Eran espacios de acogida, pero también de cuidado y, en muchos casos, de consuelo espiritual. Allí no solo se ofrecía alimento y descanso, sino también atención a los enfermos, algo fundamental en una época en la que la medicina era rudimentaria y el conocimiento sanitario limitado.

Los peregrinos enfermos podían permanecer en estos hospitales el tiempo necesario para su recuperación. No existía la prisa ni la presión por abandonar el lugar: la caridad cristiana imponía el deber de atender al necesitado hasta donde fuera posible. En caso de fallecimiento, algo tristemente frecuente, el peregrino recibía sepultura en el cementerio anejo al hospital, asegurando así una muerte digna lejos de su tierra natal, pero bajo la protección espiritual del Camino.

La mayoría de estos hospitales eran modestos establecimientos. Solían contar con dos estancias diferenciadas: una para los peregrinos sanos y otra para los enfermos. Su capacidad era limitada, con apenas diez o quince camas, lo que refleja tanto la sencillez de estas instituciones como la enorme red que debió existir para atender a todos los caminantes. Eran gestionados por órdenes religiosas, cofradías o comunidades locales, que asumían la labor asistencial como una obra de misericordia.

Sin embargo, junto a estos pequeños centros también destacaron hospitales de gran capacidad y relevancia. Entre ellos sobresale el Hospital del Rey, fundado por el rey Alfonso VIII de Castilla a finales del siglo XII, concebido como uno de los principales enclaves de atención a peregrinos en el Camino. De igual importancia fue el Hospital de San Marcos, que con el tiempo se convirtió en una institución emblemática tanto por su función asistencial como por su valor arquitectónico.

Probablemente el hospital más conocido sea el Hospital de los Reyes Católicos, mandado construir por los Reyes Católicos a finales del siglo XV, junto a la catedral compostelana. Este edificio simboliza la culminación del modelo hospitalario del Camino, uniendo la atención al peregrino con el poder político y religioso de la época.

A partir del siglo XIII, el número de estos centros de beneficencia creció notablemente. Este incremento no solo respondió a la afluencia creciente de peregrinos, sino también al impulso de la nueva burguesía urbana, que vio en la fundación de hospitales una forma de ejercer la caridad, ganar prestigio social y asegurar la salvación de sus almas. Así, la red hospitalaria del Camino se convirtió en un reflejo de la sociedad medieval, donde fe, solidaridad y necesidad se entrelazaban de manera inseparable.

En conjunto, estos hospitales no solo facilitaron la peregrinación, sino que contribuyeron a configurar una cultura de acogida que aún hoy pervive en el espíritu del Camino de Santiago.

martes, 26 de octubre de 2021

 ASEO CORPORAL EN LAVACOLLA

Se sabe que los peregrinos, tras sus largas caminatas hacia la tumba del apóstol Santiago y ya muy cercanos a la meta jacobea preparaban su entrada a la ciudad  limpiando su cuerpo. Así, al pasar por  Lavacolla, junto a un frío arroyo denominado A Sionlla y que Aymeric Picaud sitúa "en un paraje frondoso por el que pasa, a dos millas de Santiago, donde los peregrinos de nacionalidad francesa que se dirigían a Santiago se quitaban la ropa y, por amor al Apóstol, solían lavarse no sólo sus partes, sino la suciedad de todo el cuerpo" hacían tales menesteres. De esta costumbre, se supone, surgiría el nombre del lugar, derivado de "lava cola". 


Foto Xacopedia
Picaud llama al lugar Lavamentula (mentula en latín es miembro viril) en tono jocoso. Hay otros testimonios posteriores que hacen referencia a esa “actividad purificadora” como el de un peregrino de París, Geodefroi de Buletot, que cuenta el 13 de abril de 1381: “En el pintoresco Lavacolla lavamos nuestras inmundicias, dentro del riachuelo. Me cambié la ropa totalmente, porque me las habían dado en abundancia en el monasterio del Cebrero. Fue un baño total, una ablución. Me temblaron los ojos al ver Compostela tan cerca, al descender ya por el Monte del Gozo. Al canto del Tedeum, se me escurrieron lágrimas de mil días.”



Otra explicación busca el origen de la denominación derivándola de la práctica de los señores de lavar aquí sus "collas" (esos altos cuellos acanalados propios de las indumentarias de otras épocas) para llegar con buena presencia a la ciudad.

Por otra parte los lugareños más ancianos cuentan que sus antepasados decían que el topónimo del lugar procede de “lava” y “colle” (lava y recoge) para explicar que “se lavaba la ropa y se recogía para secarla”

Algunos peregrinos actuales mantienen esa tradición medieval, si no les acucia el tiempo, lavándose las manos, pies y cara, como rito de pureza corporal sin poner en riesgo su persona pues la situación de la zona lo complica.

jueves, 13 de mayo de 2021

 LA CRUZ DE LOS FARRAPOS


 “Los peregrinos, una vez llegados a la catedral, daban el abrazo al Apóstol y a continuación se dirigían a la “Cruz dos Farrapos” (la cruz de los harapos) donde realizaban el aseo de su indumentaria”. De esta forma tan concreta se describen  los últimos ritos de la peregrinación a Santiago. Esta cruz se encuentra en los tejados, sobre la girola de la Catedral de Compostela. La cruz es de cobre, de unos dos metros de altura y está incrustada en un bloque de piedra en forma de cordero. 


A los pies de esta cruz, antiguamente, concluía la peregrinación a Compostela. Existe en su base una pila de piedra, a modo de horno abierto, donde los peregrinos medievales se despojaban y quemaban las vestimentas que habían utilizado durante el camino y las sustituían por otras limpias donadas por el cabildo catedralicio. Este acto ritual-higiénico a los pies de la cruz simboliza la renuncia a su vida anterior y el inicio de una vida nueva. La piedra permanece renegrida pudiéndose ver desde la plaza de la Quintana. Algunos peregrinos medievales afirmaban que quien no podía pasar por el agujero que la cruz tiene en el medio, estaba en pecado mortal.

No se sabe con certeza el origen de esta práctica, aunque ya en el siglo XVI aparecen datos de su existencia.

lunes, 12 de abril de 2021

 LOS TIRABOLEIROS

Los tiraboleiros (“lanzadores de fuego” en latín) son las personas encargadas de hacer funcionar el botafumeiro de la catedral de Santiago de Compostela. El grupo está formado por ocho varones de entre 30 y 65 años que también realizan funciones en otras dependencias de la seo compostelana como es el museo y  la sacristía.

De los ocho hay uno, el “tiraboleiro mayor”, que es el encargado de coordinar toda la operación, es decir, la  puesta en marcha y dar las órdenes oportunas durante el movimiento del incensario. Su uniforme característico lo conforma una capa larga de color malva llamada roupóns. El tiraboleiro mayor más conocido fue el ya fallecido Armando Raposo.

Inician su trabajo transportando el incensario, ya con las  brasas en su interior, desde la sala capitular hasta el altar mayor. Para ello utilizan unas andas apoyadas en sus hombros. Ya en el altar lo sujetan al extremo de una maroma que desciende desde una estructura en la base de la cúpula del crucero y de la que penden, en la otra punta, ocho pequeñas cuerdas de esparto con varios nudos. Cada tiraboleiro sujeta un extremo para iniciar con rítmicos tirones el movimiento pendular del botafumeiro a una velocidad que suele alcanzar 68 km/h alcanzando una altura de unos 20 m. En total son 17 ciclos de vaivén.

El rito se inicia después de la comunión cuando el órgano emite las primeras notas del  himno al Apóstol Santiago. Los asistentes despiden  con aplausos de emoción y agradecimiento el fin del “espectáculo” y la vuelta del incensario a su lugar de procedencia.


jueves, 25 de marzo de 2021

 EL BOTAFUMEIRO

 Uno de los elementos más característicos de los que está dotada la catedral de Santiago es su famoso botafumeiro (esparcidor de humo), un gigantesco incensario que, colgado del techo de la cúpula central de la catedral desde donde cuelga por un sistema de poleas, se balancea sobre las cabezas de los feligreses impregnando el ambiente del olor a incienso o substancias aromáticas quemadas en su interior. 

Su origen se sitúa en 1554. Fue construido gracias a una ofrenda del rey Luis XI de Francia. El original estaba elaborado en plata y fue robado por las tropas francesas en 1809 durante la Guerra de la Independencia. El actual botafumeiro fue fabricado por el orfebre Losada en 1851. Su origen se debe a la necesidad de crear un elemento que permitiese purificar el aire dentro de la iglesia, enrarecido por las grandes multitudes de peregrinos que allí se concentraban. Esta parece la explicación más plausible aunque hay quien defiende que su función original fue únicamente la de dar solemnidad a los actos litúrgicos.

El botafumeiro tiene un peso de 53 kg y mide un metro y medio. Se eleva a 20 metros de altura y puede llegar a alcanzar una velocidad de 68 kilómetros por hora.

La primera referencia documental que se tiene del Botafumeiro es una anotación en una hoja del Códice Calixtino, en el que se llama “Tutibulum Magnum”. En el trascurrir de la historia hubo varios botafumeiros; actualmente hay dos ejemplares, uno en latón que data de 1851 y es obra de José Losada, que sustituyó al robado durante la ocupación francesa y es el que se utiliza habitualmente. El segundo es una réplica en plata del anterior y fue regalado por los Alféreces Provisionales en 1971. Sólo se coloca en el crucero de la catedral cuando funciona, guardándose habitualmente en la Biblioteca Capitular.





Después de casi dos años parado debido a las obras de restauración de la catedral, desde primeros del 2.021 ya se encuentra operativo. El botafumeiro sólo se pone en funcionamiento en las grandes celebraciones religiosas y todos los domingos del Año Santo:

·         El 6 de enero por la Epifanía del Señor

·         Domingo de Resurrección

·         Ascensión del Señor

·         Pentecostés

·         El 23 de mayo por el aniversario de la Batalla de Clavijo

·         El 25 de julio por la festividad de Santiago Apóstol

·         El 15 de agosto por la Asunción de Nuestra Señora

·         El 1 de noviembre por el día de Todos los Santos

·         Solemnidad de Cristo Rey

·         El 8 de diciembre por la Inmaculada Concepción

·         El 25 de diciembre por el Día de Navidad

·         El 30 de diciembre por la Translación del Santo Apóstol

Igualmente puede funcionar a petición de fieles o de grupos, solicitándolo con anterioridad en la Oficina de Acogida al peregrino y abonando el estipendio correspondiente (400-450 €), diciéndose en la misa quién hace el pago.

Para ponerlo en marcha es balanceado por ocho "tiraboleiros o tiboleiros", saltando uno de ellos, el tiboleiro mayor, sobre el incensario para detenerlo. Se dice que el humo que expide tiene propiedades terapéuticas para ciegos y tuertos, tartamudos y personas que sufren de afecciones respiratorias. Impresiona e infunde cierto temor contemplar su balanceo sobre las cabezas de los fieles, temor justificado pues se tiene noticia de que al menos en tres ocasiones el gigantesco incensario se soltó de la cadena que lo sujeta y salió volando, aunque por suerte sin causar víctimas mortales. La más célebre de estas ocasiones tuvo lugar en 1.499 en presencia de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, que había parado en Santiago para orar ante la tumba del Apóstol antes de embarcar en La Coruña con dirección a Inglaterra para su boda con el Príncipe de Gales, saliendo despedido por la Puerta de Platerías.

El primer enlace recoge el funcionamiento del botafumeiro coincidiendo con la visita a Santiago del Papa Benedicto XVI con ocasión del Año Santo 2010:

https://www.youtube.com/watch?v=tr2vZ6WmHSw

El segundo corresponde Funcionamiento del Botafumeiro, al finalizar la Misa de Acción de Gracias por el inicio del Año Santo Compostelano 2021, el 31 de diciembre de 2020(Imágenes de TVG).

https://www.youtube.com/watch?v=_4hhL6Ih9-w

martes, 13 de octubre de 2020

EMBLEMA DE PEREGRINACIONES

A SANTIAGO DE COMPOSTELA

Si hay una entidad que trabaja denodadamente por promocionar y dar a conocer el fenómeno de las peregrinaciones a Santiago es la entidad pública denominada Xacobeo, que depende de la Xunta de Galicia y se creó el año 1.993. Anteriormente a esta fecha también existieron iniciativas en ese mismo sentido principalmente las promovidas por el Ministerio de Información y Turismo cuando Fraga Iribarne se encargaba de ese ministerio. 


Obra en mi colección de objetos relacionados con el mundo jacobeo un estuche de cartón decorado con un dibujo en color azul de un Santiago peregrino y superpuesto sobre él la imagen de una “vieira con un lazo”. Consiste en “Un emblema de Peregrinaciones a Santiago de Compostela” presentado por la Junta Organizadora del Año Santo 1.954 para la conmemoración de esa efeméride. En la cara frontal figura el precio de la pieza cifrado en 15 ptas.
En la parte interior de la tapa se informa que es una concha auténtica, bendecible, autorizada y recomendada por dicha Junta como emblema de peregrino y que es un modelo patentado y registrado con el número 38.786.

También en su interior y dentro de una bolsita de papel de celofán a modo de protección se guarda la auténtica vieira peregrina, con un lazo de la bandera de España y una cruz de Santiago en metal. Le acompaña una acreditación en papel con un texto en el que se declara la importancia del Camino y que transcribo en los siguientes términos:

“Peregrinar en su más estricta acepción, es hacer la vía luminosa de estrellas – Vía Láctea o Camino de Santiago – para rendir tributo y homenaje al cuerpo de Santiago el Mayor que descansa en su catedral de Compostela un sueño ecuménico de siglos.

Y es costumbre representar al peregrino, en su sentido más tradicional y antiguo, portando ostensiblemente el símbolo universalizado desde siempre, por esta prodigiosa romería jacobea: La Concha de “Vieira”.

Cóncava, como una mano generosa puesta a ofrecer el agua que sacia la sed de eternidad, la “Vieira” es signo andariego para aquellas gentes y razas que, en su constante caminar de hormiguero, sienten su diversidad aglutinada por un impulso común: la fe en la veneración al Apóstol de España.

La roja cruz-espada de Santiago fulmíneo símbolo del arrebatado e impetuoso Hijo del Trueno, es el heroísmo por Cristo, es el “Cierra España” en el horizonte de Clavijo, surgiendo como una luz, clave de victorias, contra los enemigos de la iglesia.

Reunidos ambos símbolos y enlazados con los colores patrióticos de tu bandera, si eres romero a Compostela, debes llevar independientemente de la medalla oficial sobre tu pecho este emblema característico, como lo hicieron los peregrinos de todos los tiempos y de toda la cristiandad. Así te lo recomienda la Junta Organizadora del Año Santo con la expresa autorización y beneplácito de su eminencia reverendísima el Cardenal-Arzobispo de Santiago de Compostela.”

Con este testimonio escrito se constata que en otros tiempos también existía cierta intencionalidad de dar a conocer y potenciar el Camino de Santiago.

viernes, 17 de enero de 2020


 EL NOMBRE DE SANTIAGO EN LA CIENCIA
 Asar Fernan Rodri es un escritor gallego nacido en Santiago de Partovía (Orense). Aunque se ha dedicado al mundo de la construcción no ha dejado de lado su faceta de escritor. Fruto de esa afición es la publicación de un libro titulado “Tras la huella de Santiago hasta la fundación de Compostela”. Así mismo ha elaborado otros trabajos como el que podemos leer en este post con el llamativo encabezamiento de  “El nombre de Santiago en la ciencia”.
Es axiomático que la naturaleza influyó y de alguna manera determinó los Caminos y las peregrinaciones que por ellos fluyeron y todavía fluyen. Pero no es menos cierto –aunque menos conocido-- que la tradición compostelana y jacobea, incidió y mucho, en la ciencia realizada por el ser humano. El Camino fue un paso importante de llegada de las novedades científicas surgidas en el resto de Europa y una forma de intercambio cultural muy influyente en la ciencia que se realizaba en Galicia.
El Camino de Santiago echó mano de muchos productos naturales para crear su simbología, como es el caso de la concha, la calabaza, el incienso, el bordón..., pero no es menos cierto que la ciencia se hizo eco de la tradición jacobea para nombrar algunos de sus descubrimientos, plasmando así una reciprocidad valiosa que une vida y cultura. La Taxonomía científica tiene claros ejemplos de esta influencia en el trabajo científico pasado y presente con ejemplos que abarcan las tres ramas históricas. 
Jacinto de Compostela
En la Botánica son muchos los ejemplos de esta tradición, destacando entre ellos la hierba de Santiago (Senecio jacobaeae) Además de su nombre vulgar y científico claramente jacobeos, esta planta ruderal, típica de la orilla de los caminos, tiene una larga historia de aplicación de sus propiedades curativas. La hierba de Santiago fue también la causa de que una especie zoológica, la Tyria jacobaeae, lleve la señal de Santiago, pues el nombre de esta deslumbrante mariposa derivó de su dependencia del Senecio jacobaeae.
Hierba de Santiago
Pecten Jacobeus
En el campo de la Zoología precisamente la Pecten jacobeus fue una de las primeras especies que se dedicó a Santiago, descrita por Carlos Linneo, en 1758. Sorprende que el padre de la Zoología moderna –Carlos Linneo-- le diese el nombre específico "jacobeae" a la vieira del Mediterráneo (Pecten jacobeus) y no a la que fue origen de nuestro símbolo: la vieira que vive en las costas gallegas (Pecten maximus). 
Forma parte también de la tradición popular el "santiaguiño" (Scyllarus arctus), un crustáceo decápodo que recibe este nombre porque, si nos fijamos un poco, es posible adivinar en la parte superior de su exoesqueleto la silueta de la cruz de Santiago.
En Geología, una de las piezas con más historia jacobea es la variedad hematoidea del cuarzo, denominada "jacinto de Compostela". Sin embargo, en Compostela y sus alrededores, aunque abunda el cuarzo, no existen yacimientos de esta variedad. El nombre tiene su origen en que los peregrinos, sobre todo los procedentes de la zona levantina, traían a Compostela, y quizás vendían o cambiaban aquí los pequeños cristales de jacinto que recogían en los afloramientos de las margas irisadas del Keuper –piso del período Triásico de la era Secundaria-- que encontraban en su camino a través de la Península.
Esta usanza de recurrir al mundo jacobeo para bautizar diversas especies, se había iniciado en el departamento de Química Orgánica de la Universidad de Santiago, hace ya bastantes años, cuando los profesores Ignacio Ribas y Pastor Taladrid asignaron el nombre de "santiaguina" a un alcaloide aislado de las hojas del codeso de Galicia (Adenocarpus complicatus). 
Santiaguiño
Posteriormente, otros profesores continuaron esta tradición dándole a los alcaloides extraídos de variedades de las plantas Sarcocapnos sp, los nombres de "oxocompostellina", "yagonina" y "aristoyagonina", todos ellos con innegables connotaciones jacobeas. Hace unos años, la asterosaponina extraída de una estrella de mar procedente de la Antártida, la llamada Neosmilaster georgianus, recibió el nombre de "santiagósido". En este caso el homenaje aunaba a dos ciudades, Santiago de Compostela y Santiago de Chile, de cuyas Universidades procedían los autores de la investigación.
Tyria Jacobaeae
... Cabeza sin las piezas bucales, más ancha que larga. Los ojos, casi tan largos como las mejillas, y entre un ojo y el otro, se observa una fina línea transversal que no llega a alcanzarlos. Mandíbulas muy grandes, asimétricas, con dos dientes en su lado interno. Su tamaño es diminuto, apenas unos milímetros... Pero no se crean, no estoy describiendo
– aunque lo hago de forma somera--, nada que tenga que ver con los humanos, sino con una nueva especie de pequeño coleóptero recogido en las proximidades de Compostela en 1979, concretamente en el Monte Pedroso, al oeste de la ciudad, por Biólogos del departamento universitario de Biología Animal de la USC, que a la hora de ponerle nombre, no se lo pensaron mucho y recurrieron --y en este caso con mucha más razón--, al sugerente nombre jacobeo: Colenis (Carcharodes) compostellae.
En la actualidad, esta hermosa influencia jacobea sigue manteniéndose y los equipos de investigación de las modernas facultades continúan dando el nombre de Santiago a los resultados de sus trabajos.
La influencia de lo jacobeo rezuma por todas partes”.

miércoles, 22 de mayo de 2019

CALAHORRA, PUNTO JACOBEO
En los primeros días de la Semana Santa en mi visita a Calahorra, en cuyo convento del Carmen profesé como novicio hace ya muchos  años, me interesé por las connotaciones que la ciudad posee con el Camino de Santiago al encontrarse en la ruta del Ebro. Mi sorpresa ha sido mayúscula, pues desconocía la cantidad de referencias  jacobeas que se conservan en la localidad calagurritana.
Uno de los símbolos jacobeos más conocidos de Calahorra es el Humilladero, ubicado junto al convento del Carmen a la entrada de Calahorra. Es un templete del siglo XVI, cuadrado, de arcos ligeramente apuntados sobre balaustres adosados a los pilares de los estribos. Está cubierto por una bóveda de crucería estrellada. Aquí los peregrinos normalmente oraban antes de partir de la ciudad.
En una cartela informativa se lee:”En memoria de los peregrinos que iban a Santiago de Compostela provenientes del levante español y del sur hasta empalmar con el camino francés en Logroño, se levantó en el siglo XVI, este monumento restaurado e iluminado en el 2006.
En su interior se humillaban los peregrinos para agradecer al Señor su llegada a Calahorra e impetrar su protección para el resto del viaje hacia Compostela. En Galicia el elemento semejante a nuestro humilladero es el Cruceiro o Crucifijo.
Calahorra está enclavada en el Camino Jacobeo del Ebro y pueblos de la Mediterranía, una vía cultural que reivindica su importancia dentro de los Caminos a Santiago de Compostela ya que a lo largo de esta ciudad ya pasaba la vía romana que unía la Ciudad de Tarragona con León y es de suponer que estas vías originales fueran mantenidas y conservadas como caminos cristianos cuando toda Europa se lanza a la visita del sepulcro del Apóstol Santiago”.
En la iglesia de Santiago destaca su fachada, muy austera, con mezcla de elementos barrocos y neoclásicos. En el centro de la misma aparece una hornacina de medio punto y una imagen de Santiago Apóstol un tanto deteriorada. En su interior se puede contemplar en el centro del retablo barroco, obra de Diego Camporredondo de 1.741, una magnífica representación de Santiago Caballero
La catedral de Santa María alberga: En la capilla bautismal, un relieve del apóstol Santiago y la pila bautismal está decorada con conchas de vieira y calabazas. La capilla Mayor acoge también una imagen de Santiago peregrino, con bordón y esclavina, cobijado bajo una concha de vieira. En los lienzos de la cúpula de la capilla del Espíritu Santo, está representada la escena de la Transfiguración de Cristo ante PedroSantiago y su hermano Juan. La capilla del Pilar, que preside la imagen de la Virgen sobre la columna, muestra también el arraigo jacobeo existente en la ciudad. En la capilla de San Pedro se dispone una imagen pétrea de Santiago peregrino, con escarcela y calabaza
La Virgen del Rosario está escoltada en la capilla que lleva su nombre por dos santos dominicos muy relacionados con el Camino de Santiago, como Telmo y el propio Domingo de la Calzada.
Probablemente, en Calahorra, Ramiro I habría instituido el conocido Voto de Santiago, después de haber vencido al ejército musulmán en la batalla de Clavijo, con la ayuda del Apóstol. 
Como muestra del paso de peregrinos por la ciudad, en el Libro de actas municipales del Ayuntamiento de Calahorra se conserva un documento fechado el 14 de abril de 1598 en el que se hace referencia a una carta procedente de Santiago de Compostela en la que, a causa de la peste, se da orden de guardar las llaves de la puerta de la ciudad de Calahorra para no dejar entrar ni a peregrinos ni a pobres, y que no se recoja a estos ni en la ciudad ni en el hospital bajo pena de seis meses de destierro y multa de tres mil maravedís.

miércoles, 29 de agosto de 2018

En un confín de la Tierra… FINISTERRE- FISTERRA
Este lugar en el que la magia y los ritos ancestrales se entremezclan, donde lo divino y lo pagano se fusionan, es considerado como el fin de la ruta jacobea, ya que hasta aquí se acercaban y se acercan los peregrinos después de haber visitado la tumba del Apóstol en Santiago, al igual que lo hicieron anteriormente a las peregrinaciones los antiguos pobladores celtas y romanos, para aguardar la hora del ocaso y ver esconderse el sol en la inmensidad del océano. No son pocos los relatos que a lo largo de los siglos nos han dejado los viajeros y peregrinos que llegaron a estas costas: el húngaro Jorge Grisaphan en 1355, el alemán Erich Lassota hacia 1584, el clérigo boloñés Doménico Laffi en el XVII, entre otros. Según la leyenda, en esta zona fue sepultada bajo las aguas la mítica ciudad de Duio o Dugium, destruida por Dios como castigo a los pecados y a la indiferencia mostrada por sus habitantes a la predicación de Santiago Apóstol.
Fisterra, Finisterre, Finis Terrae o “Fin de la Tierra” es una lengua de tierra rocosa que se adentra en el mar unos tres kilómetros y tiene un ancho de kilómetro y medio. Un lugar que desde tiempos remotos ha sido objeto de atención para muchos geógrafos e historiadores. En aquellos tiempos era el punto más occidental de todo el mundo conocido. Lucio Anneo Floro, a finales del siglo I, afirma que Décimo Junio Bruto, tras recorrer toda la costa del océano como vencedor, no regresó hasta contemplar, no sin cierto horror y miedo de cometer un sacrilegio, cómo el sol se precipitaba en el mar y una llamarada salía de las aguas. Anteriormente a la romanización había en este lugar, el santuario llamado Ara Solis, que era un templo dedicado al Sol, de donde se dice que fue creado por los fenicios o incluso por los caldeos en su viaje por encontrar el fin del mundo.
En lo alto del monte se encuentran los restos arqueológicos de Vilar Vello y la ermita de San Guillermo, lugar cristianizado a partir de los cultos paganos relacionados con la fertilidad y donde se situaba la piedra llamada " a cama do santo" y que un obispo mandó destruir en el siglo XVII por considerarla pagana. En excavaciones recientes se han encontrado importantes yacimientos de origen medieval que demuestran la afluencia de peregrinos desde tiempos medievales.
El faro de Finisterre se considera como el segundo lugar de Galicia más visitado después de la catedral de Santiago de Compostela. Es el más importante de la Costa de la Muerte, debido a que se encuentra prácticamente al final del cabo y es el punto más occidental desde el cual se divisan unas espectaculares vistas del Atlántico. El edificio actual es de 1.868. Su luz luce desde 1.853 y tiene un alcance de 57 kilómetros La torre es de cantería y tiene base octogonal. La linterna poligonal se sitúa por encima de una cornisa con balconada. Tiene una altura de 17 m y se encuentra a 143 m sobre el mar. Además el faro cuenta con señalización acústica desde 1.888, debido a las constantes nieblas que a veces hacen casi imperceptible su potente luz. El sonido, semejante a un mugido, es denominado "a Vaca de Fisterra". Enfrente de la punta del cabo emerge la Roca del Centollo.
A la salida de la localidad, después de recoger la FISTERRA en el albergue público y siguiendo la señalética jacobea, se puede contemplar la iglesia de Santa María de Areas del siglo XII, declarada Monumento Histórico-Artístico, donde se encuentra la talla gótica del Santo Cristo de Finisterre, conocido como “O Cristo da Barba Dourada” ante el cual se postran los numerosos peregrinos que inician el ascenso suave, pero continuado, hasta el extremo del cabo. En frente de la iglesia hubo un hospital de peregrinos fundado por Alonso García, párroco en 1469.