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jueves, 15 de enero de 2026

 ADIOS A TOMÁS,

EL ALMA HOSPITALERA DE MANJARÍN

Era el 7 de julio del Año Santo 1999 cuando conocí a Tomás Martínez de Paz, “el últimoTemplario”, hospitalero del albergue de Manjarín desde el año 1993, también Año Jacobeo. Caminábamos hacia Santiago diez amigos, en un día totalmente invernal a pesar de estar rozando el verano. La intensa niebla, la lluvia persistente, el fuerte vendaval y el frío nos acosaban ya al pasar la Cruz de Ferro, y la llegada a Manjarín se convirtió para nosotros en una auténtica luz de esperanza.

Allí nos encontramos con Tomás. Estaba solo, como tantas veces, y nos recibió con la humanidad que siempre exhibió, después de hacer sonar su ya mítica campana. El lugar resultaba un tanto lúgubre, humilde y austero, casi detenido en el tiempo, pero al mismo tiempo pleno de fraternidad, ofrecida sin reservas por aquel hospitalero singular del que ya había leído algo sobre su trayectoria y su entrega al Camino.

El fuego de la chimenea y un café caliente nos devolvieron el ánimo y el calor al cuerpo. No puedo olvidar la anécdota de cuando uno de los compañeros le preguntó por la zona de los aseos. Tomás, con el gracejo que le caracterizaba y abriendo los brazos en gesto amplio, respondió con una sonrisa: «Ancha es Castilla». Por aquel entonces, el albergue no disponía de letrinas, y la respuesta resumía perfectamente su forma de estar en el mundo: directa, sencilla y profundamente humana.

El tiempo de conversación fue breve, pues nos esperaba José en su albergue del Acebo, pero lo compartido con Tomás resultó más que suficiente para comprender los valores que atesoraba: hospitalidad sin condiciones, compromiso firme, afabilidad, cercanía. Un hombre bueno, con auténtica vocación de servicio y con una visión casi espiritual del Camino, entendido no solo como una ruta, sino como una experiencia de transformación interior.

Además de su labor diaria en Manjarín, en los últimos años utilizó las redes sociales para alzar la voz en defensa de un Camino más humano, más solidario y fiel a su esencia, denunciando aquello que lo desvirtuaba y recordándonos, a peregrinos y hospitaleros, que el verdadero sentido del Camino se encuentra en la acogida, el respeto y la fraternidad.

Hoy nos ha dejado un histórico del Camino de Santiago, un hospitalero ejemplar y una figura irrepetible, de esas que ya forman parte de la memoria viva de la ruta jacobea.

Descansa en paz, Tomás, y que Santiago Apóstol te acompañe hasta la presencia del Padre Celestial.
Gracias por tu ejemplo, por tu campana y por tu fuego siempre encendido.

Buen Camino.
ULTREIA.

martes, 20 de septiembre de 2022

 PABLITO SANZ ZUDAIRE

“IN MEMORIAM”

A los 88 años nos ha dejado para siempre Pablito Sanz Zudaire con la misión de entregar al Padre Eterno una de las varas de avellano que con tanto amor elaboraba para donar a los peregrinos que pasaban por delante de su casa en Ázqueta (Navarra). Es verdad que durante los últimos años, debido a sus problemas de salud, había abandonado esa actividad que será recordada por los miles de peregrinos que llegaron a Santiago con el apoyo de sus particulares bordones.



Pablito, que no es diminutivo de Pablo, como habitualmente apostillaba, ha sido parte del Camino. Sus conversaciones con los peregrinos que no tenían prisa en su caminar, estaban plenas de vitalidad, de ánimo y hasta de información jacobea. Allí, en Ázqueta, se encontraban sus varas, exclusivamente de avellano, fuertes y poco pesadas como él decía, las vieiras que le enviaban desde Galicia, las calabazas que cultivaba en su propio huerto y hasta una estela funeraria cuya imagen figuraba en su cuño para sellar las credenciales.

Pablito, de joven, en el corral de su casa (Foto PABLO SANZ)

Pero la labor de Pablito se completaba con una clase didáctica sobre el uso de las varas  «Es que hay mucha ignorancia en el Camino, algunos no saben ni llevar la mochila. Y muchos vienen con bastones cortos. ¿Cómo aparece Santiago en las imágenes? ¿Con una vara larga, más alta que su cabeza! Una vara no es un bastón. Tiene que ser un palmo más alta que el peregrino. Y hay que saber agarrarlas. En el llano, hay que coger la vara a la altura del hombro. En las subidas, más abajo, a la altura del pecho. Y en las bajadas, más arriba, a la altura de la cabeza. También es importante acompasarla al andar. Mira cómo lo hago».«Empiezo con la vara apoyada en el suelo, luego la muevo hacia adelante y doy un paso, dos, tres y al cuarto vuelvo a apoyarla. Un, dos, tres y pum; un dos, tres y pum. Y mira cómo llevo la columna vertebral: siempre recta. Muchos van encorvados y acaban con dolores de espalda, de rodillas, de todo». Un verdadero maestro.

 Como homenaje póstumo vaya este poema colgado en su casa:


«Peregrino, estás en Ázqueta.
Haz un alto en este hito
que fuerte bordón de avellano
aquí te ofrece Pablito
para llevar en tu mano.
Santiago está muy lejos
para quien va caminando.
Será lanza para tu valentía,
defensa ante los miedos,
ayuda en las subidas,
sostén en el descenso
apoyo en las fatigas.
¡Bordón, amigo
de avellano!».

Que el Padre te haya recibido con los brazos abiertos para colocarte junto a tu amigo el Apóstol Santiago. ¡Descansa en Paz!


Para más información extraordinaria entrevista pinchando en  este link:

https://mediosdigitales14.wordpress.com/2014/06/05/los-palos-de-pablito/

miércoles, 21 de abril de 2021

 FELISA Y MARÍA…DESCANSEN EN PAZ

Se ha cumplido un mes desde el fallecimiento en Logroño de María Teodora Mediavilla Rodríguez el día 15 de marzo del presente año. Hija de Felisa Rodríguez Medel, la “señora de los higos”, continuó la labor de su madre al fallecer allá por el año 2002. Estas dos mujeres se encuentran indelebles en la retinas de miles de peregrinos que siguiendo el Camino Francés han hecho el trayecto entre Viana y Logroño.

Estas dos mujeres vivieron al borde del camino en el descenso del monte Cantabria donde habían instalado una especie de “tenderete” bajo una higuera y junto a una modesta casa  ofreciendo hospitalidad a todos los peregrinos que por allí pasaban.

Hay que trasladarnos al año 1982 cuando el sacerdote Jesús Martínez les plantea la posibilidad de atender a los peregrinos que se aproximaban a Logroño para sellarles la credencial, darles información y a la vez contabilizar el número de los que pasaban (Felisa, como no sabía leer ni escribir, la contabilidad la realizaba a base de trazar “palotes” en un papel). Aceptaron tal misión y se pusieron manos a la obra. Además de esas labores de “burocracia” aprovechaban el momento para ofrecer agua fresca de botijo, higos en temporada o secados durante el resto del año, anécdotas varias sobre Logroño, un rato de descanso, insuflación de ánimo y mucho amor. Amor a raudales.

Estos detalles totalmente altruistas junto al buen carácter de ambas mujeres ganaron el afecto y agradecimiento de los caminantes quienes dejaban mensajes como recordatorio en un cuaderno que ellas ponían a su disposición. 

Felisa dedicó 20 años de su vida a esta misión de hospitalera hasta que falleció a los 92 años. María la continuó en solitario, a veces ayudada por sus nietos, casi otros veinte años. Espero que su espíritu hospitalario continúe vigente en el mismo lugar, de cara a la ciudad de Logroño, bajo la higuera y al borde del camino repartiendo “Higos, Agua y Amor” como reza en su sello.

Quiero recordarla un 14 de julio de 2001 sentada en su silla bajo la sombrilla para suavizar el calor del verano (en invierno disponía de una estufa para hacer frente al frío), con la cayada apoyada en una sencilla  mesa de tablero que le servía como escritorio, unas sillas un tanto desvencijadas y, por supuesto, con el cartel que anunciaba el sellado de la credencial.


Sirva este humilde homenaje de mi mujer y mío especialmente a Felisa, con quien compartimos conversación mientras degustábamos unas brevas recién cortadas de su higuera en una mañana de un calor asfixiante, y por extensión a su hija María, por todo el bien que durante más de 40 años pusieron a disposición de los peregrinos. Descansen en paz

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