CUANDO EL CAMINO DE SANTIAGO
SE HACE PRESENTE EN TORDESILLAS
Hay cosas que, por formar parte de
nuestro paisaje cotidiano, terminamos por no prestarles la atención que
merecen. Es algo que puede ocurrir con las calles por las que pasamos todos los
días, con determinados edificios o con esos caminos que atraviesan nuestro
término y que, sin darnos cuenta, forman parte de la historia de un lugar.
Algo parecido sucede con el Camino de Santiago del Sureste
a su paso por Tordesillas.
Por eso, cuando a mediados del pasado
mes de julio me encontré en la explanada del Palacio Alto con una serie de
paneles informativos dedicados a distintos aspectos de nuestra localidad, me
pareció una buena ocasión para detenerse un momento y prestar atención.
No es que el Ayuntamiento se prodigue
demasiado en recordar que por Tordesillas pasa una ruta jacobea. Precisamente
por eso, creo que esta iniciativa merece ser destacada y, por qué no, también
felicitada. Siempre es agradable encontrarse con algo que nos recuerda que
nuestro pueblo no es únicamente un lugar de paso, sino también una pequeña
pieza dentro de un camino que lleva siglos uniendo pueblos, paisajes y
personas.
Uno de los paneles invita al visitante
a «Pasear por viñedos,
campos y caminos milenarios de Tordesillas». Y, entre esos caminos, aparece el de Santiago del Sureste.
Al verlo, inevitablemente me fijé en
la fotografía que lo acompañaba. Aparece el conocido mojón con la flecha
amarilla que todos asociamos al Camino de Santiago. Una imagen perfectamente
válida para identificar una ruta jacobea, pero quizá demasiado genérica cuando
lo que se pretende es hablar del camino que pasa precisamente por Tordesillas.
Porque fotografías de nuestro Camino,
con nuestros paisajes y nuestro pueblo al fondo, las hay. Y eso quedó demostrado
unos días después, cuando en las redes sociales se publicó un cartel con tres
instantáneas de peregrinos recorriendo el itinerario, con el perfil de
uno de nuestros pueblos al fondo como escenario.
Ahí sí que uno siente que está viendo nuestro Camino.
Y quizá sea eso lo que más
necesitamos: que cuando hablemos del Camino de Santiago del Sureste a su paso
por Tordesillas seamos capaces de mostrarlo con nuestras imágenes, con nuestros
paisajes y con esos pequeños detalles que lo hacen diferente.
El texto del panel, aunque
necesariamente breve por las limitaciones de espacio, nos lleva a una cuestión
bastante más antigua que las actuales flechas amarillas.
Nos habla de la relación entre el
Camino de Santiago y la Vía
Láctea. En la
tradición medieval, el gran camino de estrellas que atraviesa el cielo nocturno
también fue relacionado con la peregrinación hacia Santiago. En una época en la
que no existían mapas detallados, teléfonos móviles ni modernos sistemas de
navegación, mirar al cielo podía ser una manera de orientarse.
Resulta curioso pensarlo desde
nuestros días.
Hoy basta con sacar el teléfono del
bolsillo para saber dónde estamos y hacia dónde tenemos que caminar. El
peregrino medieval, en cambio, levantaba la mirada y buscaba las estrellas.
Y entre ellas, la Vía Láctea.
El cartel explica que esta relación
aparece vinculada al Códice
Calixtino, donde se recoge esa imagen del camino de estrellas
que podía servir de guía hacia el lugar donde descansaba el apóstol Santiago.
Es una de esas historias que, cuando
uno se para a pensar en ellas, hacen que un camino aparentemente cotidiano
adquiera otra dimensión.
Las tres fotografías que acompañaban
al texto en la publicación posterior de las redes sociales tienen, en mi
opinión, un valor añadido. En ellas aparecen peregrinos caminando por el
itinerario jacobeo en las proximidades de Tordesillas.
Son personas que, seguramente, llevan
muchas horas caminando. Algunos llegarán cansados; otros estarán disfrutando
del paisaje; quizá alguno vaya pensando en lo que dejó atrás y otro en lo que
encontrará al final de la jornada.
Y todos ellos, durante unos
kilómetros, forman parte de Tordesillas.
Eso es precisamente lo bonito de los
caminos: que pasan por los pueblos, pero también dejan algo en ellos. Y
nosotros, los que vivimos aquí, tenemos la posibilidad de ser testigos de ese
tránsito, aunque muchas veces ni siquiera reparemos en ello.
Por eso me parece acertado que se
hable del Camino del Sureste y que se aprovechen espacios como éste para
recordarlo. No solamente pensando en quienes llegan con mochila y bastón, sino
también en quienes vivimos aquí y quizá necesitamos que alguien nos recuerde lo
que tenemos delante de los ojos.
Ojalá esta iniciativa no quede como
una actuación aislada.
Ojalá volvamos a encontrar carteles, fotografías,
actividades y referencias al Camino de Santiago del Sureste. Ojalá consigamos
que quienes llegan a Tordesillas sepan que por aquí pasa un camino con historia
y que quienes vivimos en el pueblo lo sintamos un poco más como parte de
nuestro patrimonio.
Porque al final, los caminos también
necesitan que alguien los recuerde.
Y éste, el Camino de Santiago del Sureste,
lleva mucho tiempo pasando por Tordesillas.