EL CAMINO FRANCÉS EN LOS CUPONES DE LA ONCE
(LIII)
SANTIAGO
DE COMPOSTELA – CATEDRAL.AZABACHERÍA
El día 13 de julio de 2010 la ONCE puso en circulación un cupón dedicado a Santiago de Compostela con un valor nominal de 1,50 €. En él se representa el la portada de la Azabachería y aparece una llamada con el titular de Patrimonio de la Humanidad. También se presenta el anagrama del Xacobeo 2.010. Una curiosidad, aparece la Cruz de Santiago suplantando a la “I” en la palabra CAMINO.
La Azabachería y la Catedral de
Santiago: una puerta marcada por la historia
La plaza de
la Azabachería constituye uno de los accesos más emblemáticos a la Catedral de
Santiago de Compostela. Su nombre recuerda el intenso comercio del azabache
que, durante siglos, se desarrolló en este espacio. Los artesanos conocidos
como azabacheros elaboraban con esta piedra negra de origen fósil
cruces, conchas, rosarios y amuletos destinados a los miles de peregrinos que
llegaban al final del Camino de Santiago.
La actual fachada de la Azabachería, orientada hacia el Camino Francés, sustituyó en el siglo XVIII a la antigua portada románica del Paraíso, gravemente dañada tras diversas transformaciones y el incendio que afectó a esta zona del templo. El proyecto fue impulsado dentro de las grandes reformas barrocas de la catedral y dio lugar a una fachada de líneas sobrias y neoclásicas, muy diferente de la exuberancia del Obradoiro, pero igualmente representativa de la evolución artística del conjunto compostelano.
Durante
siglos, esta plaza fue un auténtico hervidero de actividad comercial y
artesanal. El azabache, extraído principalmente de los yacimientos asturianos,
alcanzó una enorme fama por su intenso color negro y por las propiedades
protectoras que la tradición popular le atribuía. Los peregrinos adquirían
estas piezas como recuerdo de su peregrinación y como símbolo de la protección
del Apóstol Santiago.
Hoy, la Azabachería continúa siendo una de las principales puertas de entrada a la Catedral. Quien accede por ella revive, de algún modo, la experiencia de innumerables caminantes que, tras recorrer cientos de kilómetros, alcanzaban este lugar entre el bullicio de los talleres, el sonido de los mercaderes y la emoción de encontrarse, por fin, ante el santuario jacobeo. La plaza y su fachada constituyen así un valioso testimonio de la estrecha relación entre la peregrinación, el arte y los antiguos oficios que dieron vida a Santiago de Compostela.

















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