lunes, 30 de marzo de 2026

 LA MAGIA QUE OFRECE EL CAMINO

Solo quien ha recorrido el Camino de Santiago sabe lo que es la magia. No es una magia de fuegos artificiales ni de palabras grandilocuentes, sino una que se filtra en los silencios del amanecer, en el roce del viento sobre la piel cansada y en la complicidad muda de quienes caminan sin conocerse. Es una magia que no se explica, se vive paso a paso, como si cada piedra del sendero guardara un secreto que solo se revela al peregrino que decide avanzar.



Quien ha madrugado para ver cómo el cielo se enciende sobre un campo de trigo, comprende que la belleza no necesita adornos. Quien ha sentido el peso de la mochila al principio del día y la ligereza del corazón al llegar al albergue, descubre que la fatiga no siempre duele: a veces purifica. La magia está en ese instante en que el cansancio se transforma en gratitud.




En el Camino, los días no se cuentan, se viven. No importa de dónde vienes ni adónde vas: al cruzar las primeras flechas amarillas, todos pertenecen a un mismo rumbo. Hay miradas que bastan para decir “buen camino”, hay encuentros que duran un tramo y dejan una huella más profunda que muchos años compartidos.



Solo quien ha caminado bajo la lluvia, con los pies empapados y el corazón obstinado, sabe lo que significa no rendirse. Solo quien ha compartido pan, historias y silencios junto a desconocidos comprende que la fe no siempre se reza: a veces se anda. Porque el Camino no exige que creas en algo; simplemente, te invita a creer en ti mismo, en los otros y en la posibilidad de que exista algo más grande que la rutina.



Y cuando al final, tras muchos pasos, surge Santiago en el horizonte, uno entiende que la meta no está en la plaza del Obradoiro, sino en cada kilómetro recorrido, en cada lágrima inesperada y en cada sonrisa compartida.
La verdadera magia del Camino no se cuenta… se lleva dentro, como una brasa suave que nunca se apaga.

martes, 24 de marzo de 2026

 CAMPUS STELLAE:

UN VIAJE LITERARIO A TRAVÉS DEL TIEMPO

(José Luis Coy)

José Luis Coy Martínez, nace en Barcelona en 1965 (Gerona) Inició la carrera se arquitectura abandonándola para dedicarse al mundo del dibujo ilustrativo.

Durante más de treinta años trabajó en las oficinas de correos en Barcelona en los que desempeñó distintos puestos operativos y de jefatura, especialmente en oficinas y distribución. Después haber escrito algunos relatos cortos editó su primera novela “Campus Stellae”. Posteriormente le siguió “Morir en Santiago”

Campus Stellae es una  novela  ambientada en el Camino Francés y presenta una premisa tan sugerente como intrigante: su protagonista se ve envuelto en un extraño fenómeno que le hace retroceder un año en el tiempo por cada kilómetro recorrido. Así, partiendo desde la localidad francesa de Saint-Jean-Pied-de-Port, inicia una travesía que lo llevará hasta las puertas de la catedral de Santiago de Compostela tras haber retrocedido ocho siglos en la historia mientras atraviesa los pueblos de esta emblemática ruta.



La idea de la novela nació en 2011, mientras el autor realizaba el Camino de Santiago. De forma casi casual, coincidió con la celebración del ochocientos aniversario de la consagración de la catedral compostelana. Fue entonces cuando surgió una reflexión tan simple como poderosa: si cada kilómetro recorrido equivaliera a un año en el tiempo, los ochocientos kilómetros del Camino permitirían llegar hasta el año 1211 y asistir en primera persona a aquel acontecimiento histórico en la Plaza del Obradoiro.

A partir de esta brillante premisa, el autor construye una historia que combina aventura, historia y reflexión. Pero la experiencia no termina ahí. De algún modo, el autor confiesa haber vivido parte de esta aventura en primera persona al recorrer el mismo camino que narra en la novela. El viaje en el tiempo, aunque imaginario, ha sido el fruto de horas de documentación y creatividad, investigando la situación socioeconómica de cada localidad en distintos momentos históricos y dejando volar la imaginación entre leyendas y hechos reales.

El proceso de escritura contó, además, con una ventaja clave: haber pisado todos los escenarios que aparecen en la obra. Muchos de los personajes ficticios nacen de la adaptación de peregrinos, lugareños y hospitaleros con los que el autor se cruzó durante su travesía. Para dar coherencia a la historia, fue necesario incluso construir un calendario que abarcara ocho siglos, permitiendo ubicar con precisión qué ocurría en cada lugar en cada momento.



En definitiva, podemos decir que estamos ante una propuesta literaria que combina historia, ficción y experiencia personal de una manera única. Una invitación no solo a leer, sino a caminar, imaginar y, quién sabe, quizá también a viajar en el tiempo.

Sirvan estos párrafos para invitar a los simpatizantes de los Caminos a Santiago a la lectura de la obra cuya portada recoge su paso por el Hospital de San Antón.

“Todavía estaban frescos cuando vislumbraron la silueta de la iglesia de San Juan de Ortega en medio de la nada. La prolongada parada por el encuentro con el italiano, les había proporcionado un merecido descanso tras salvar la empinada pendiente de los Montes de Oca.

Volvieron a ver los característicos nidos de cigüeñas, que habían establecido su base en la parte más alta del conjunto arquitectónico. Accedieron al interior de la iglesia por la fachada occidental, a través de una pequeña portada de finas arquivoltas ojivales. Ya en el interior, Luis quedó admirado ante la curiosa estructura del ábside central, donde la bóveda aparecía reforzada por varios nervios que se unían en la clave, soportados por gruesas columnas. Entre ellas, se apreciaban los ventanales que iban a morir a las vidrieras mediante diez arquivoltas abocinadas, creando un curioso efecto de luces y sombras, cuando los rayos del sol se colaban en el interior. El monasterio estaba habitado por un grupo de ermitaños castellanos, que se habían instalado en el lugar adecuado para llevar a cabo, la vida contemplativa que establecía la Orden de San Jerónimo.


La soledad y el silencio eran requisitos indispensables para conseguir la unión con Dios a través de las oraciones, y el paraje en que se encontraba el cenobio, reunía las condiciones adecuadas para mantenerse alejados de la vida mundana, donde las tentaciones y el pecado, estaban a la orden del día.”

domingo, 22 de marzo de 2026

 TORDESILLAS EN EL CAMINO DEL SURESTE

Creo firmemente que las cosas importantes deben ser conocidas, especialmente cuando nacen del esfuerzo, la constancia y el trabajo personal.

Como administrador del blog Tordesillas en el Camino del Sureste, siento una profunda satisfacción —y también una íntima sensación de plenitud— al haber superado los 400 post publicados (409 a día 19 de marzo, festividad de San José). Cada uno de estos textos forma parte de un recorrido personal ligado a los caminos jacobeos, a su historia, a sus gentes y a las experiencias que los rodean.



Esta aventura comenzó el 7 de noviembre de 2017, tras cerrar una etapa previa en otro espacio digital. Desde entonces, el blog ha ido creciendo de manera constante, abordando una gran diversidad de temas organizados en 33 categorías y etiquetas, reflejo de la riqueza y amplitud del mundo jacobeo.

Más que una recopilación de publicaciones, este blog es un testimonio vivo de un camino compartido: un lugar donde la experiencia, la investigación y la reflexión se entrelazan para dar sentido a cada etapa recorrida.



Albergue de Tordesillas – 58       Albergues del Sureste – 6

Biografía Jacobea – 4       Camino del Sureste – 18

Caminos en Castilla y León – 3   CEIP Pedro I – 13

Cosas de Tordesillas – 13 El camino en los cupones de la ONCE – 53

En el Camino del Sureste – 2      Felicitación – 19      Fuentes – 1

Guía del Camino del Sureste – 26

Historias de peregrinos en Tordesillas – 14

Iconografía de Santiago – 3        Información – 24     Leyendas – 4

Microrrelatos – 5     Momentos en el camino – 2       

Opinan los peregrinos en Tordesillas – 25       Opinión – 19

Otros caminos – 5  Peregrinos – 12               

Peregrinos – Peregrinaciones – 9          Peregrinos singulares – 11

Personajes – 3       Refranes del Camino – 2

Ríos y Puentes en los Caminos a Santiago – 6          Sonidos jacobeos – 6Temas jacobeos – 11         Templos jacobeos en Valladolid – 8      

Tramos Camino Sureste en Valladolid – 8 Xacobeo 2021 – 6        

Xacobeo 2021-2022 – 3

La categoría que reúne mayor número de textos son: Albergue de Tordesillas con 58 seguida del El camino en los cupones de la ONCE con 53 y Guía del Camino del Sureste con 26.

Quiero destacar dentro de los diversos gadget los dos en los que se recogen enlaces directos a 21 rutas jacobeas a “Los Caminos a Santiago por Castilla y León” y las 38 rutas correspondientes a “Otros Caminos”.

Aparecen otras series de informaciones que están abiertas a cuantas personas gusten de consultar. Muy agradecido a quienes así lo hagan. Aquí el enlace: https://tordesillasenelcamino.blogspot.com/

El compromiso de continuar con esta labor informativa permanecerá entre mis “obligaciones” de conexión con todo lo relacionado con el Apóstol Santiago, su obra y la peregrinación.

¡¡ULTREIA!!

sábado, 14 de marzo de 2026

 EN LA CRUZ DE FERRO

(Antonio Gavilanes – Hospitalero del albergue de Tordesillas) 

Tomando como base mi trabajo manual, hecho con piedras de la playa, de un grupo de peregrinos en torno a la mítica Cruz de Ferro, escribo lo siguiente:

“El viento soplaba con suavidad, llevando consigo un murmullo que parecía mezclarse con el canto lejano de los pájaros. Frente a la imponente Cruz de Ferro, un grupo de peregrinos se había detenido. Sus mochilas descansaban sobre la tierra polvorienta, y cada uno llevaba en las manos piedras recogidas a lo largo del camino, pequeñas ofrendas que simbolizaban cargas, recuerdos y promesas.


El silencio se volvió casi tangible mientras todos se acercaban a la cruz, formando un círculo imperfecto pero íntimo. Una mujer mayor levantó la vista, sus ojos humedecidos, y susurró una oración que se perdió entre el viento. Otro peregrino, con la voz firme y pausada, comenzó a recitar el Padre Nuestro, y pronto sus palabras fueron tomadas por los demás, que las repetían como un eco sereno que subía hacia el cielo.

Cada gesto parecía cargado de intención: algunos dejaban caer sus piedras a los pies de la cruz, otros cerraban los ojos, inclinando la cabeza mientras los labios se movían en plegaria. Un joven, con la mochila aún atada, respiró hondo y apoyó las manos sobre la madera rugosa de la cruz, como buscando apoyo y guía en aquel símbolo antiguo que había sido testigo de tantos caminos antes que el suyo.

El grupo permaneció allí varios minutos, sin prisas, dejando que el aire frío y la luz tibia del atardecer penetraran en sus corazones. Al final, un leve murmullo de agradecimiento surgió de entre ellos, y uno a uno comenzaron a dispersarse lentamente, cada peregrino llevando consigo una sensación de alivio, esperanza y conexión con todos los que, antes y después, habían dejado sus cargas en aquel mismo lugar sagrado.”

jueves, 12 de marzo de 2026

 SANTIAGO PEREGRINO

(Juan de Anchieta)

En mi visita a la actual exposición de la Edades del Hombre, con sede en Zamora, me encontré con la grata sorpresa de una escultura dedicada a Santiago Peregrino que incorporo a la categoría de “Iconografía de Santiago”.



“El escultor Juan de Anchieta fue contratado por Gaspar Becerra, quien en 1558 organizó un nutrido taller en Astorga con el objetivo de ejecutar el retablo mayor de la catedral. Su estancia en esta ciudad contribuyó decisivamente a consolidar su reputación como uno de los escultores más dotados del momento dentro del panorama artístico castellano. Tras su regreso a Valladolid en 1562, comenzó a recibir numerosos encargos, integrándose plenamente en el activo ambiente escultórico de la ciudad.

Entre las empresas más ambiciosas realizadas durante su etapa como oficial en Valladolid destaca la imaginería del retablo mayor de la iglesia parroquial de Cogeces del Monte. Dentro de este conjunto sobresale la figura de Santiago el Mayor, concebida como una escultura de acusado dinamismo y notable calidad plástica.



El apóstol aparece representado como peregrino, ataviado con pesados y amplios ropajes cuyas profundas y angulosas plegaduras contribuyen a enfatizar el marcado giro del cuerpo. Esta torsión, acentuada por la forzada disposición de las piernas, introduce un cierto efecto helicoidal en la composición, característico de la escultura romanista influida por los modelos italianos del segundo tercio del siglo XVI. El rostro, de expresión concentrada y ensimismada, se dirige hacia el libro que sostiene con la mano izquierda, recurso iconográfico que alude a su condición apostólica y a su papel como predicador. Con la mano derecha empuñaba originalmente un cayado de peregrino —actualmente perdido y sustituido por otro posterior—, elemento que refuerza su identificación como patrono de los peregrinos.



La obra, fechada hacia 1565 y realizada en madera policromada, pone de manifiesto la asimilación por parte de Anchieta de los presupuestos formales del manierismo escultórico, perceptibles tanto en el dinamismo de la figura como en el tratamiento monumental de los paños.”

lunes, 2 de marzo de 2026

 EL CAMINO NO TE LLEVA A SANTIAGO, 

TE LLEVA A TI

El Camino comienza antes del primer kilómetro. Empieza en el momento exacto en que decides salir, cuando la mochila aún pesa más por dentro que por fuera. El primer paso siempre es torpe, inseguro, cargado de expectativas. Es el paso del miedo: miedo a no llegar, a no estar a la altura, a descubrirte demasiado solo contigo mismo.

Después llegan los pasos de la ilusión. El cuerpo avanza ligero, la mente se llena de imágenes futuras: plazas al amanecer, conversaciones compartidas, la catedral esperándote al final como una promesa antigua. Cada piedra del sendero parece cómplice de ese entusiasmo inicial que aún no conoce el cansancio.

Con los kilómetros aparece la duda. Los pies protestan, el sol cae sin piedad, la lluvia sorprende cuando menos se la espera. Hay pasos que pesan como preguntas sin respuesta. ¿Por qué estoy aquí? ¿Qué busco realmente? Y sin embargo, sigues. Porque el Camino no se razona: se camina.

Llega entonces la resistencia. Pasos largos, respiración medida, silencio interior. Aprendes a escuchar tu propio ritmo y a respetarlo. El Camino te enseña que no importa la velocidad, sino la constancia. Cada paso es un pequeño acto de fe.

Y de pronto, sin avisar, surge la gratitud. Un saludo sincero, un café compartido, una mano que ayuda a ajustar la mochila. El Camino se puebla de nombres y de historias que se cruzan solo por un día o para siempre. Caminas solo, pero nunca aislado.

Cada llegada es un mundo. Al divisar el pueblo al final de la etapa nace el alivio. El cuerpo celebra el descanso y el alma se expande. Cada albergue es un refugio y cada cama, un sueño: el sueño de descansar sin culpa, de cerrar los ojos sabiendo que hoy has cumplido.

Hay llegadas que despiertan esperanza. Otras traen nostalgia, porque sabes que algo se acaba incluso antes de terminar. Sueñas con lo que dejaste atrás y con lo que aún no sabes que encontrarás. Sueñas con ser un poco distinto al despertar.

Al caer la noche, el Camino se vuelve íntimo. En el silencio del cansancio aparece la verdad. No la grandiosa, sino la pequeña: quién eres cuando nadie te mira, qué necesitas de verdad, qué puedes soltar. El sueño llega profundo, honesto, reparador.

Y así, paso a paso, emoción a emoción, llegada tras llegada, el Camino te va despojando y reconstruyendo. Hasta que un día entiendes que el sueño final no es Santiago. El verdadero sueño es haber aprendido a caminar tu propia vida con la misma humildad con la que has recorrido el Camino.

¡¡ULTREIA!!

miércoles, 18 de febrero de 2026

 (RÍOS Y PUENTES EN LOS CAMINOS A SANTIAGO)

 RÍO MERUELO - PUENTE  DE MOLINASECA

El río Meruelo baña parte de la comarca del Bierzo. Pasa por los municipios de Molinaseca y Ponferrada. Su nacimiento lo conforman los arroyos Compludo y Carracedo. Tiene un recorrido de 15,4 km y desemboca en el río Boeza a la altura del embalse de Montearenas (Ponferrada). El Meruelo, con su fuerza, pone en movimiento el mecanismo de la herrería de Compludo.

El puente de Molinaseca, conocido popularmente como Puente de los Peregrinos, es una de las construcciones más emblemáticas del Camino de Santiago a su paso por El Bierzo. Se trata de un puente medieval de piedra, levantado con sólidos sillares y mampostería, que cruza el río Meruelo a la entrada del pueblo. Su estructura presenta varios arcos de medio punto, desiguales entre sí, lo que delata las sucesivas reformas y adaptaciones realizadas a lo largo de los siglos para resistir crecidas y el paso constante del tiempo.

Su antigüedad se remonta a la Edad Media, probablemente entre los siglos XII y XIII, coincidiendo con el auge del Camino Francés. Desde entonces ha sido testigo del incesante tránsito de peregrinos, mercaderes y viajeros que se dirigían a Santiago de Compostela. No es solo una obra funcional, sino también un símbolo del espíritu hospitalario de Molinaseca, que históricamente ofrecía descanso y refugio tras el exigente descenso desde la Cruz de Ferro.

La importancia jacobea del puente es enorme: marca un punto de transición emocional para el caminante. Tras largas jornadas por zonas altas y solitarias, el puente anuncia la llegada al valle, al agua, al pueblo y al descanso. Cruzarlo supone entrar en un espacio de acogida, donde el Camino se vuelve más humano y compartido. Por ello, el puente no es solo un paso físico, sino también un umbral simbólico dentro de la experiencia peregrina.

Entre sus curiosidades, destaca la tradición —hoy desaconsejada por razones de conservación— de que los peregrinos se bañaran en el río bajo el puente para aliviar el cansancio. También llama la atención la ligera pendiente del tablero y la irregularidad de sus arcos, que aportan carácter y autenticidad a la construcción. Al atardecer, cuando la piedra adquiere tonos cálidos y el reflejo del puente se dibuja sobre el Meruelo, el lugar ofrece una de las estampas más fotografiadas y evocadoras del Camino, donde historia, fe y paisaje se funden en un mismo gesto silencioso.