sábado, 2 de mayo de 2026

 ¿QUÉ APORTAN HOY DÍA LOS HOSPITALEROS?

En el corazón de la meseta castellana, cuando el peregrino atraviesa Tordesillas siguiendo el pulso tranquilo del Camino, hay figuras discretas que sostienen, casi en silencio, una de las esencias más antiguas de la peregrinación: los hospitaleros.



Hoy, en pleno siglo XXI, cuando las mochilas conviven con aplicaciones móviles y los pasos se comparten en redes sociales, la figura del hospitalero sigue siendo un ancla al espíritu original del Camino de Santiago. Pero, ¿qué aportan realmente estos hombres y mujeres que dedican su tiempo a cuidar al peregrino?



Los hospitaleros no son solo quienes entregan una llave o asignan una litera. Son, ante todo, guardianes de una tradición que se remonta a siglos atrás, cuando el Camino era incertidumbre, fe y hospitalidad. En lugares como Tordesillas, donde la historia se entrelaza con cada calle, su presencia añade una capa humana al viaje que ningún mapa puede señalar.



Aportan acogida, pero no una acogida cualquiera. Es una bienvenida sin juicio, donde cada peregrino llega con su historia: cansancio, búsqueda, promesas o simplemente curiosidad. El hospitalero escucha, orienta, sugiere… y, a veces, simplemente está. En un mundo acelerado, ese “estar” se convierte en un regalo inesperado.

También aportan comunidad. En los albergues, bajo su cuidado, se crean pequeños universos efímeros donde desconocidos comparten mesa, experiencias y silencios. El hospitalero facilita ese encuentro, manteniendo un equilibrio delicado entre el respeto y la convivencia. Son mediadores invisibles que convierten un espacio de descanso en un lugar de encuentro.



No menos importante es su papel como transmisores del espíritu del Camino. Muchos hospitaleros han sido peregrinos antes, y en sus palabras viajan consejos que no aparecen en las guías: dónde encontrar sombra en la siguiente etapa, cómo escuchar al propio cuerpo, o por qué a veces merece la pena detenerse y mirar alrededor. En Tordesillas, ese saber se mezcla con la memoria del lugar, enriqueciendo la experiencia de quien pasa.


Además, en tiempos donde el turismo puede diluir el sentido original de las rutas, los hospitaleros ayudan a preservar la esencia del Camino: la sencillez, el respeto y la solidaridad. Son quienes recuerdan que esto no es solo un recorrido físico, sino también una travesía interior.


Quizá su mayor aportación sea intangible. No se mide en servicios ni en instalaciones, sino en gestos: una conversación al atardecer, un consejo a tiempo, una sonrisa al llegar. Pequeños actos que, sumados, convierten el paso por Tordesillas en algo más que una etapa.

Porque al final, el Camino no lo hacen solo los pasos del peregrino. Lo construyen también quienes, como los hospitaleros, deciden quedarse para cuidar de los que siguen avanzando. Y en ese equilibrio entre ir y permanecer, reside una de las verdades más profundas del Camino de Santiago.

lunes, 27 de abril de 2026

 EL CAMINO FRANCÉS EN LOS CUPONES DE LA ONCE (LII)

SANTIAGO DE COMPOSTELA – EL PÓRTICO DE LA GLORIA,

EL ARTE DE LA PEREGRINACIÓN

El día 7 de julio de 2010 la ONCE puso en circulación un cupón dedicado a Santiago de Compostela con un valor nominal de 1,50 €. En él se representa el Pórtico de la Gloria como símbolo del Jubileo y aparece una llamada con el titular de Patrimonio de la Humanidad.  También se presenta el anagrama del Xacobeo 2.010. Una curiosidad,  aparece la Cruz de Santiago suplantando a la “I” en la palabra CAMINO.

El Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela es mucho más que una entrada monumental: es una auténtica catequesis en piedra, una obra maestra del arte románico y uno de los tesoros más admirados del Camino de Santiago. Situado en la fachada interior occidental del templo, este conjunto escultórico recibe desde el siglo XII a peregrinos y viajeros con una fuerza simbólica y espiritual que sigue impresionando hoy.

Fue realizado por el célebre Maestro Mateo y concluido en el año 1188, según consta en una inscripción conservada en el propio monumento. Su misión era clara: preparar al peregrino para entrar en el espacio sagrado de la catedral, ofreciendo una representación visual del triunfo de Cristo y la promesa de la salvación eterna.



El pórtico está formado por tres grandes arcos que representan una visión del Apocalipsis según San Juan. En el arco central aparece Cristo glorioso, mostrando las llagas de la Pasión, rodeado por los cuatro evangelistas y una multitud de ángeles que portan los instrumentos de la Pasión. Más abajo, los veinticuatro ancianos del Apocalipsis afinan sus instrumentos musicales en una escena de extraordinaria belleza y dinamismo, como si la piedra aún conservara el eco de su música celestial.

En la columna central destaca la figura del apóstol Santiago, sereno y acogedor, como anfitrión espiritual de quienes culminan su peregrinación. Bajo él se encuentra el famoso “árbol de Jesé”, símbolo de la genealogía de Cristo. Durante siglos, los peregrinos apoyaban la mano sobre esta columna como gesto de gratitud y culminación del Camino, una tradición hoy protegida para preservar la obra.



En una de las columnas laterales se encuentra también la popular figura conocida como el “Santo dos Croques”, que representa al propio Maestro Mateo. La tradición compostelana cuenta que los estudiantes golpeaban suavemente su cabeza con la frente para recibir sabiduría antes de los exámenes, una costumbre cargada de humor y devoción popular.


Lo que hace único al Pórtico de la Gloria no es solo su perfección artística, sino su capacidad de emocionar. Cada rostro parece tener vida propia, cada gesto transmite humanidad, y cada detalle invita a la contemplación. No se trata únicamente de una obra escultórica, sino de una experiencia espiritual que conecta al visitante con siglos de fe, arte e historia. Desde entonces, las visitas se gestionan con aforo limitado (grupos de 20 personas) y, a menudo, mediante invitaciones gratuitas retiradas en el Museo de la Catedral. 

Tras una compleja restauración  de 12 años (2006-2018) se reabrió al público en abril de 2021. Durante ese tiempo el pórtico recuperó buena parte de su policromía original, revelando que en su origen estuvo lleno de color, mucho más vibrante de lo que solemos imaginar al pensar en la piedra medieval.



Contemplar el Pórtico de la Gloria es entender por qué Santiago no era solo una meta geográfica, sino una meta interior. Para el peregrino medieval, y también para el actual, cruzar este umbral significaba algo más profundo: llegar transformado.

viernes, 24 de abril de 2026

 LEYENDAS, LIBROS Y CAMINO DE SANTIAGO

EN EL CEIP PEDRO

Coincidiendo con la celebración de la Fiesta de Castilla y León y con el Día del Libro, tuve el placer de ser invitado por el CEIP Pedro I de Tordesillas para compartir con los alumnos de uno de los cursos de 6º de Primaria una breve, pero entrañable, jornada dedicada a la narración de leyendas.



A través de los libros, y “tirando” de sus páginas como hilo conductor, les acerqué tres relatos adaptados a su edad, cargados de historia, tradición y ese halo de misterio que siempre despierta la curiosidad de los más jóvenes. 

Las dos primeras nos trasladaron al Camino de Santiago, concretamente al entorno de Santo Domingo de la Calzada, uno de los lugares más emblemáticos de la ruta jacobea. Allí surgieron “El milagro del gallo y la gallina”, una de las historias más conocidas y representativas del Camino, y “La cruz de los valientes”, un relato menos difundido pero igualmente lleno de fuerza y significado ocurrido entre Santo Domingo y Grañón.




Estas narraciones vienen a dar continuidad a otras compartidas en años anteriores, dentro de esta misma iniciativa que considero especialmente valiosa. Me parece importante acercar a los alumnos este aspecto cultural, histórico y legendario del Camino de Santiago, una riqueza que forma parte de nuestro patrimonio y que merece ser conocida desde edades tempranas.

La mejor prueba de ello es la atención, el interés y la participación que los propios alumnos muestran durante estas sesiones. De una forma sencilla, cercana y visual, se les introduce en el mundo jacobeo, despertando preguntas, curiosidad y, en muchos casos, un primer vínculo con esta gran tradición.



La tercera de estas leyendas estuvo dedicada a Fermoselle (Zamora) y llevaba por título “La maldición de las cigüeñas”, una narración llena de simbolismo y raíces populares.

Quiero agradecer sinceramente al CEIP Pedro I esta invitación, que además me ha permitido volver a acercarme a quien fue mi centro de trabajo durante 27 años, un lugar lleno de recuerdos, vivencias y afectos.

Muchas gracias.

martes, 21 de abril de 2026

 

 EL CAMINO DEL SURESTE:

“CAMINANDO HACIA LA INTROSPECCIÓN Y EL ENCUENTRO INTERIOR”

El Camino del Sureste no es solo una ruta física que atraviesa paisajes y pueblos; es, sobre todo, un itinerario interior. A medida que el peregrino avanza, cada paso se convierte en una oportunidad para la introspección, entendida como ese proceso consciente de mirar hacia dentro y explorar pensamientos, emociones y sensaciones propias.


Lejos del ruido habitual de la vida cotidiana, este camino favorece un primer movimiento esencial: el autoconocimiento. Caminar durante horas, a menudo en silencio, permite que afloren preguntas que en el día a día quedan ocultas. El peregrino comienza a observar cómo reacciona ante el cansancio, la soledad o la incertidumbre, y descubre una relación más profunda consigo mismo y con el mundo que le rodea. Esta toma de conciencia facilita también una mejor gestión emocional, pues las emociones dejan de ser automáticas para convertirse en comprendidas.

A lo largo de la ruta, se activa una especie de reflexión vigilante. No se trata solo de pensar, sino de observar quién está pensando. El caminante cuestiona sus propias percepciones: ¿qué siento realmente?, ¿por qué reacciono así?, ¿dónde están mis límites? Este ejercicio, repetido día tras día, va desdibujando certezas rígidas y abre un espacio de mayor lucidez interior.

El Camino del Sureste, menos transitado que otras rutas, ofrece además una valiosa oportunidad de desconexión. La escasez de estímulos externos —menos multitudes, menos distracciones— invita a apartarse de la sobreexposición digital y social. Esta desconexión no es una huida, sino un acto de autoprotección que permite reconectar con lo esencial: el propio ritmo, la respiración, el latido interno.

En ese contexto, muchos peregrinos experimentan momentos cercanos a la meditación. El caminar se vuelve casi un mantra, un movimiento repetitivo que aquieta la mente. Como en ciertas prácticas meditativas, el flujo de pensamientos se observa sin apego, permitiendo que se disuelva. Surgen entonces instantes de claridad, de comprensión silenciosa, que contribuyen al crecimiento personal.

Finalmente, el Camino del Sureste puede entenderse como un retiro de introspección en movimiento. No requiere un espacio cerrado ni reglas estrictas: el propio camino se convierte en el lugar de retiro. Cada etapa es una invitación a la presencia, a la atención plena, a habitar el instante con profundidad.

Así, más allá del destino, el verdadero viaje del peregrino en el Camino del Sureste ocurre en su interior. Y es ahí, en ese diálogo silencioso consigo mismo, donde se producen las transformaciones más duraderas.

lunes, 20 de abril de 2026

 EDU: “SOÑADOR DE CAMINOS”

Veinticinco años peregrinando. Un cuarto de siglo pateando rutas jacobeas, sumando pasos, vivencias y encuentros que han ido dando forma a una manera única de entender el Camino. Por algo se autodefine como “Soñador de Caminos”, un nombre que lleva grabado también en las pegatinas que, dedicadas a puño y letra, regala y deja como recuerdo en los albergues que va encontrando a su paso.



Ese peregrino tan especial y carismático es Eduardo.

Su primera gran peregrinación le llevó desde Montserrat hasta Santiago y Fisterra, una experiencia que marcó el inicio de una vida unida para siempre a la senda jacobea. Sin embargo, hubo un camino que lo transformó profundamente, hasta el punto de poder decir que le “refundó” la vida: el Camino de la Lana. Allí conoció a Luis, hospitalero de Cuenca, una de esas personas que aparecen en el momento justo y dejan huella para siempre. De él aprendió mucho, no solo sobre hospitalidad y acogida, sino también sobre el verdadero sentido de la peregrinación, profundizando en conversaciones que todavía hoy siguen resonando en su interior.



Eduardo vive y siente el Camino como pocos que yo conozca. Habla sin parar de tantas y tantas experiencias en las que ha sido protagonista; de todas las promesas que ha llevado hasta la cripta del Apóstol; de su amor desmedido hacia los niños enfermos, por quienes guarda una sensibilidad especial; de su inseparable muñeco-mascota, compañero silencioso de aventuras; de sus conversaciones con los lugareños, a quienes termina embobando con sus historias y con la facilidad de su verbo; de esos momentos sencillos pero decisivos que le han ayudado a ser más y mejor persona.

Todo ello, y mucho más, es lo que le convierte verdaderamente en "Soñador de Caminos”.

Hoy no importa tanto contar cuántos caminos ha recorrido, ni las compostelas que ya ni siquiera solicita, ni hacia dónde dirigirá sus pasos en los próximos días, ni los innumerables proyectos que guarda cuidadosamente ordenados en su mente. Lo verdaderamente importante es esa forma suya de caminar, de mirar, de escuchar y de vivir cada peregrinación como si fuera la primera y la última al mismo tiempo.



Hay, sin embargo, algo que no puedo dejar de mencionar: comienza a caminar desde Tordesillas, y promete volver para terminar de conocer esta localidad que le ha apasionado, como buen amante del arte, de la cultura y de la historia de los pueblos. Porque Edu no solo recorre caminos, también sabe detenerse para descubrir el alma de cada lugar.

Gracias, amigo.

Me quedo con tu mensaje, con tu forma de entender la peregrinación, tan semejante a la mía, donde caminar no es solo avanzar, sino también aprender, compartir y transformar la vida propia y la de los demás.



Que Santiago te acompañe y te ayude en todos esos proyectos tan diversos que llevas dentro, siempre orientados a favorecer la vida de los más necesitados.

ULTREIA.

domingo, 5 de abril de 2026

 LUZ DE PASCUA EN EL CAMINO

Hoy amanece distinto en el Camino. La Pascua nos recuerda que toda senda, incluso la más dura, está llamada a la vida nueva. En Tordesillas, puerta abierta y corazón dispuesto, acogemos a cada peregrino como signo de esperanza que camina. Que esta luz de Resurrección, sencilla y profunda, ilumine vuestros pasos, fortalezca vuestro ánimo y haga de cada jornada un encuentro con lo esencial: la vida que renace, la fe que sostiene y la alegría compartida del camino.


 

En Tordesillas, villa de memoria,
donde el Duero susurra al peregrino,
se alza la Pascua, luz en el camino,
triunfo de vida, gracia y eterna gloria.

 

Quien cruza aquí, entre fe, cansancio e historia,
halla en su senda alivio y fiel destino;
y el albergue, humilde y siempre digno,
abre su paz como sagrada noria.

 

Cristo ha vencido: el alba resplandece,
y en cada paso vuestro amor florece
hacia Santiago, meta y esperanza.

 

Seguid, romeros, con ardor constante,
que Aquel que vive y reina va delante,
y en cada cruz renace la confianza.

lunes, 30 de marzo de 2026

 LA MAGIA QUE OFRECE EL CAMINO

Solo quien ha recorrido el Camino de Santiago sabe lo que es la magia. No es una magia de fuegos artificiales ni de palabras grandilocuentes, sino una que se filtra en los silencios del amanecer, en el roce del viento sobre la piel cansada y en la complicidad muda de quienes caminan sin conocerse. Es una magia que no se explica, se vive paso a paso, como si cada piedra del sendero guardara un secreto que solo se revela al peregrino que decide avanzar.



Quien ha madrugado para ver cómo el cielo se enciende sobre un campo de trigo, comprende que la belleza no necesita adornos. Quien ha sentido el peso de la mochila al principio del día y la ligereza del corazón al llegar al albergue, descubre que la fatiga no siempre duele: a veces purifica. La magia está en ese instante en que el cansancio se transforma en gratitud.




En el Camino, los días no se cuentan, se viven. No importa de dónde vienes ni adónde vas: al cruzar las primeras flechas amarillas, todos pertenecen a un mismo rumbo. Hay miradas que bastan para decir “buen camino”, hay encuentros que duran un tramo y dejan una huella más profunda que muchos años compartidos.



Solo quien ha caminado bajo la lluvia, con los pies empapados y el corazón obstinado, sabe lo que significa no rendirse. Solo quien ha compartido pan, historias y silencios junto a desconocidos comprende que la fe no siempre se reza: a veces se anda. Porque el Camino no exige que creas en algo; simplemente, te invita a creer en ti mismo, en los otros y en la posibilidad de que exista algo más grande que la rutina.



Y cuando al final, tras muchos pasos, surge Santiago en el horizonte, uno entiende que la meta no está en la plaza del Obradoiro, sino en cada kilómetro recorrido, en cada lágrima inesperada y en cada sonrisa compartida.
La verdadera magia del Camino no se cuenta… se lleva dentro, como una brasa suave que nunca se apaga.