lunes, 7 de septiembre de 2026

 CUANDO EL CAMINO DE SANTIAGO SE HACE PRESENTE EN TORDESILLAS

Hay cosas que, por formar parte de nuestro paisaje cotidiano, terminamos por no prestarles la atención que merecen. Es algo que puede ocurrir con las calles por las que pasamos todos los días, con determinados edificios o con esos caminos que atraviesan nuestro término y que, sin darnos cuenta, forman parte de la historia de un lugar.



Algo parecido sucede con el Camino de Santiago del Sureste a su paso por Tordesillas.

Por eso, cuando a mediados del pasado mes de julio me encontré en la explanada del Palacio Alto con una serie de paneles informativos dedicados a distintos aspectos de nuestra localidad, me pareció una buena ocasión para detenerse un momento y prestar atención.

No es que el Ayuntamiento se prodigue demasiado en recordar que por Tordesillas pasa una ruta jacobea. Precisamente por eso, creo que esta iniciativa merece ser destacada y, por qué no, también felicitada. Siempre es agradable encontrarse con algo que nos recuerda que nuestro pueblo no es únicamente un lugar de paso, sino también una pequeña pieza dentro de un camino que lleva siglos uniendo pueblos, paisajes y personas.



Uno de los paneles invita al visitante a «Pasear por viñedos, campos y caminos milenarios de Tordesillas». Y, entre esos caminos, aparece el de Santiago del Sureste.

Al verlo, inevitablemente me fijé en la fotografía que lo acompañaba. Aparece el conocido mojón con la flecha amarilla que todos asociamos al Camino de Santiago. Una imagen perfectamente válida para identificar una ruta jacobea, pero quizá demasiado genérica cuando lo que se pretende es hablar del camino que pasa precisamente por Tordesillas.

Porque fotografías de nuestro Camino, con nuestros paisajes y nuestro pueblo al fondo, las hay. Y eso quedó demostrado unos días después, cuando en las redes sociales se publicó un cartel con tres instantáneas de peregrinos recorriendo el itinerario, con el perfil de Tordesillas al fondo como escenario.



Ahí sí que uno siente que está viendo nuestro Camino.

Y quizá sea eso lo que más necesitamos: que cuando hablemos del Camino de Santiago del Sureste a su paso por Tordesillas seamos capaces de mostrarlo con nuestras imágenes, con nuestros paisajes y con esos pequeños detalles que lo hacen diferente.

El texto del panel, aunque necesariamente breve por las limitaciones de espacio, nos lleva a una cuestión bastante más antigua que las actuales flechas amarillas.

Nos habla de la relación entre el Camino de Santiago y la Vía Láctea. En la tradición medieval, el gran camino de estrellas que atraviesa el cielo nocturno también fue relacionado con la peregrinación hacia Santiago. En una época en la que no existían mapas detallados, teléfonos móviles ni modernos sistemas de navegación, mirar al cielo podía ser una manera de orientarse.



Resulta curioso pensarlo desde nuestros días.

Hoy basta con sacar el teléfono del bolsillo para saber dónde estamos y hacia dónde tenemos que caminar. El peregrino medieval, en cambio, levantaba la mirada y buscaba las estrellas.

Y entre ellas, la Vía Láctea.

El cartel explica que esta relación aparece vinculada al Códice Calixtino, donde se recoge esa imagen del camino de estrellas que podía servir de guía hacia el lugar donde descansaba el apóstol Santiago.

Es una de esas historias que, cuando uno se para a pensar en ellas, hacen que un camino aparentemente cotidiano adquiera otra dimensión.



Las tres fotografías que acompañaban al texto en la publicación posterior de las redes sociales tienen, en mi opinión, un valor añadido. En ellas aparecen peregrinos caminando por el itinerario jacobeo en las proximidades de Tordesillas.

Son personas que, seguramente, llevan muchas horas caminando. Algunos llegarán cansados; otros estarán disfrutando del paisaje; quizá alguno vaya pensando en lo que dejó atrás y otro en lo que encontrará al final de la jornada.

Y todos ellos, durante unos kilómetros, forman parte de Tordesillas.



Eso es precisamente lo bonito de los caminos: que pasan por los pueblos, pero también dejan algo en ellos. Y nosotros, los que vivimos aquí, tenemos la posibilidad de ser testigos de ese tránsito, aunque muchas veces ni siquiera reparemos en ello.

Por eso me parece acertado que se hable del Camino del Sureste y que se aprovechen espacios como éste para recordarlo. No solamente pensando en quienes llegan con mochila y bastón, sino también en quienes vivimos aquí y quizá necesitamos que alguien nos recuerde lo que tenemos delante de los ojos.



Ojalá esta iniciativa no quede como una actuación aislada.

Ojalá volvamos a encontrar carteles, fotografías, actividades y referencias al Camino de Santiago del Sureste. Ojalá consigamos que quienes llegan a Tordesillas sepan que por aquí pasa un camino con historia y que quienes vivimos en el pueblo lo sintamos un poco más como parte de nuestro patrimonio.



Porque al final, los caminos también necesitan que alguien los recuerde.

Y éste, el Camino de Santiago del Sureste, lleva mucho tiempo pasando por Tordesillas.