miércoles, 31 de diciembre de 2025

 GRACIAS AMIGOS PEREGRINOS

Rozando ya el finiquito de 2025, es momento de detenernos y recordar, en este caso con profundo agrado, a todos aquellos peregrinos que han pasado por el albergue municipal de Tordesillas: quienes aquí descansaron, compartieron vivencias y disfrutaron de nuestras instalaciones y, sobre todo, de nuestra hospitalidad.

Han sido muchos los encuentros, las historias y las reflexiones compartidas a lo largo del camino; algunas sencillas, otras más complejas, especialmente con quienes no hablan nuestro idioma, pero que siempre han encontrado en el gesto, la escucha y la cercanía una forma universal de entendimiento. Desde el primer momento, hemos mantenido una actitud abierta y una acogida lo más humana y cercana posible, una forma de hospitalidad que, sin duda, nos ha brindado resultados muy positivos y experiencias inolvidables.


Con ilusión renovada, ya nos preparamos para el próximo curso, que dará comienzo el 1 de enero de 2026. Aquí seguiremos, con las puertas abiertas y con más ganas que nunca de atender, acompañar y comprender a todos los peregrinos que decidan compartir tiempo de calidad con los hospitaleros. Será un honor seguir formando parte de vuestras aventuras, de vuestros esfuerzos y de vuestros sueños en el camino.

Os esperamos con los brazos abiertos. Muchas gracias por confiar en nosotros.
Venturoso año 2026.
ULTREIA.

martes, 23 de diciembre de 2025

 ¡FELIZ NAVIDAD Y BUEN CAMINO!

Desde el albergue de Tordesillas os enviamos nuestro más cálido abrazo en estas fiestas. La Navidad nos recuerda que el camino no solo se recorre con pasos, sino también con esperanza, con fe y con la alegría de compartir.

Que cada jornada os regale la luz de Belén en vuestros corazones, que el cansancio se alivie con la hospitalidad que aquí os ofrecemos, y que la estrella que guía a los caminantes os acompañe hasta vuestros destinos.



Con gratitud por vuestra presencia y con ilusión por volver a recibiros, os deseamos paz, salud y buen camino en la vida.

Los hospitaleros del albergue de Tordesillas

lunes, 22 de diciembre de 2025

 PRIMER PEREGRINO EN LLEGAR A TORDESILLAS EN 2025

Ahora que nos encaminamos al finiquito del año 2025, quiero cerrarlo con lo que escribí el 3 de enero sobre la “historia peregrinal” de Eduardo y que voluntariamente no la publiqué entonces con la intención de hacerlo en estas fechas. Ahí va:

Tres de enero del recién estrenado 2.025. La puerta del albergue se abre con lentitud y un hombre entra visiblemente agotado, cubierto de sudor frío y con el rostro marcado por el viento helado de la noche. Su mochila, desgastada por días de camino, cuelga de su espalda y su mirada refleja la mezcla de cansancio extremo y una leve satisfacción por haber llegado, aunque tarde, al refugio que tanto necesitaba.

¡Buenas noches!, dice con voz rasposa, casi inaudible por el esfuerzo de las últimas horas de marcha. El hospitalero, que ya había dado por cerrado el día, levanta la mirada al escuchar la voz y se acerca rápidamente.

¡Hola! ¡Bienvenido al albergue de Tordesillas!, responde el hospitalero, reconociendo al peregrino de inmediato. Te estaba esperando. Ya habías concertado tu entrada hace unos días, ¿verdad?.

El peregrino asiente con la cabeza, sin mucha energía para hablar. Tras un breve respiro, comienza a narrar su jornada.

Soy de Eibar, dice, y hace una pausa, como si pronunciar esas palabras le costara un esfuerzo físico adicional. Hoy he hecho 70 kilómetros. Salí a las 5 de la mañana, pero el frío… el viento cortante me ha ralentizado más de lo que pensaba. Cada paso era más difícil que el anterior. El camino, aunque hermoso, hoy ha sido implacable. He tenido que pelear contra el viento helado, contra la fatiga, y contra el miedo a no llegar a tiempo. Pero aquí estoy, al fin.

El peregrino se detiene un momento, mirando al suelo, mientras deja que las palabras se asienten en el aire. Parece que cada uno de los kilómetros recorridos hoy pesa sobre sus hombros como un lastre.

Empecé esta aventura en Sanlúcar de Barrameda, -continúa, esta vez con un suspiro de alivio-. Hace catorce días que comencé a caminar. Mi destino es mi casa, pero he decidido hacerlo a pie, como una forma de reencontrarme conmigo mismo, de tomarme un tiempo para pensar. La vida… a veces es necesario dar un paso atrás, alejarse para poder ver las cosas con claridad. Y el Camino me está ayudando a eso.

El hospitalero lo observa con atención, notando la serenidad que empieza a entrar en la voz del peregrino, a pesar de la dureza del día. 70 kilómetros hoy… ¡Eso es impresionante! Debes estar agotado, -comenta mientras le ofrece una manta y le señala una silla para que pueda descansar.

Lo estoy, responde el peregrino, sonriendo débilmente por primera vez desde que entró. Pero sé que esto es parte del Camino. El frío, el dolor, el cansancio… todo tiene un propósito. No solo en el Camino, sino también en la vida. Hoy, por ejemplo, he tenido tiempo de pensar mucho, de recordar viejos momentos, de entender lo que realmente importa. Al final, aunque el cuerpo esté exhausto, el alma sigue adelante.

El hospitalero asiente en silencio, mientras ofrece cama al peregrino. El lugar está tranquilo, el bullicio del día se ha ido, y solo queda el sonido de los radiadores luchando contra el frío exterior. El peregrino se acomoda, agradece la hospitalidad y se deja caer en la cama con una expresión de alivio.

¡Gracias por todo!, dice antes de cerrar los ojos, ya casi sin fuerzas. Sé que el Camino sigue, que mañana será otro día, pero hoy… hoy simplemente quiero descansar. El frío no me ha vencido. El Camino no me ha vencido.

El hospitalero, después de asegurarse de que todo está en orden, lo observa en silencio por un momento. Luego, con una sonrisa tranquila, se aleja hacia la entrada del albergue, dejando al peregrino descansar en paz. Sabe que, como siempre, el Camino sigue, y que cada paso, cada jornada, tiene su propia historia que contar.

Y así, en la quietud de la noche tordesillana, el primer peregrino en llegar al albergue municipal de Tordesillas se pierde en sus sueños, mientras el viento sigue soplando afuera, como si también él quisiera acompañarlo en su camino hacia casa.

ULTREIA, peregrino

viernes, 12 de diciembre de 2025

 CAMINAR CON EL CORAZÓN

Cuando San Juan Pablo II pronunció aquellas palabras —“Cuando tus piernas están cansadas, camina con tu corazón”— ofrecía una enseñanza profundamente humana y espiritual. En su aparente sencillez, la frase encierra una sabiduría que toca el fondo del alma: la certeza de que no siempre se trata de avanzar con fuerza física, sino con convicción interior.



Hay momentos en la vida en los que el cansancio nos alcanza de verdad. No solo el cansancio del cuerpo, sino ese que nace del alma: el peso de las preocupaciones, de los fracasos, de las heridas invisibles que se acumulan con el tiempo. Entonces, las piernas —símbolo de nuestra voluntad, de nuestro impulso cotidiano— ya no responden como antes. Es ahí cuando Juan Pablo II nos invita a cambiar el modo de caminar: a hacerlo con el corazón.

Caminar con el corazón significa seguir adelante por amor. Es la fe la que se convierte en paso; es la esperanza la que toma el relevo cuando la fuerza humana se agota. El corazón, lleno de sentido y de presencia, se vuelve brújula y sostén. Caminar con el corazón es mirar hacia arriba cuando todo alrededor parece oscuro; es avanzar no porque el camino sea fácil, sino porque hay un propósito que lo sostiene.



Este mensaje no solo habla a los creyentes, sino a todos los que alguna vez han sentido el peso del cansancio y, sin embargo, han decidido continuar. Nos recuerda que lo esencial no es llegar rápido, sino llegar fieles. Que los pasos más valiosos no siempre se notan en el suelo, sino en la profundidad del alma que se niega a rendirse.

En el fondo, esta frase es un llamado a transformar el sufrimiento en ofrenda, la debilidad en confianza, el cansancio en oración. Porque cuando las piernas ya no pueden, el corazón —ese lugar donde habita Dios y donde se guardan los sueños— tiene la capacidad de levantar al ser humano y hacerlo seguir andando, incluso sobre la arena del desierto o bajo la lluvia de las pruebas.



Caminar con el corazón es, en definitiva, hacer de la vida una peregrinación interior. Es dejar que cada paso, aun el más pequeño, sea una expresión de amor. Y cuando el cuerpo flaquea, cuando todo parece perdido, recordar que quien camina desde el corazón nunca está solo: lleva en su interior la fuerza silenciosa del Espíritu, que siempre empuja hacia adelante.

viernes, 5 de diciembre de 2025

 LA CRUZ DE LOS VALIENTES:

UN DUELO POR HONOR EN EL CAMINO

Entre Grañón y Santo Domingo de la Calzada, a la vera del Camino de Santiago, se levanta una sencilla cruz de madera. A primera vista parece uno de tantos hitos que acompañan al peregrino, pero la tradición le otorga un trasfondo legendario: la Cruz de los Valientes recuerda un duelo singular que quiso evitar una guerra.


Cuentan las crónicas populares que, en tiempos pasados, surgió una fuerte disputa entre los vecinos de Grañón y los de Santo Domingo de la Calzada por la posesión de unas tierras situadas en la frontera de ambos términos. La tensión crecía hasta el punto de amenazar con un enfrentamiento abierto entre pueblos. Para impedir la sangre, se decidió recurrir a una solución más simbólica y honorable: en lugar de una batalla, habría un combate singular entre dos representantes, uno de cada villa. El vencedor se llevaría el encinar para su pueblo.

El elegido por Santo Domingo fue un luchador entrenado, alimentado con manjares y preparado como si fuera a competir en los juegos olímpicos medievales. En cambio, Grañón confió en Martín García, un agricultor robusto, curtido por el trabajo diario y alimentado con humildes caparrones (alubias rojas), símbolo de la dieta campesina.



El día del combate, el calceatense apareció embadurnado en aceite, estrategia pensada para dificultar cualquier agarre. Pero lo que nadie esperaba era la reacción de Martín García. Ante la imposibilidad de sujetar a su resbaladizo oponente, recurrió a una maniobra tan inesperada como efectiva: introdujo un dedo en el orificio anal del contrincante, lo levantó en vilo y lo lanzó lejos, provocando la rendición inmediata del luchador de Santo Domingo.

La victoria otorgó a Grañón la posesión de las tierras disputadas, y para recordar el suceso se levantó en el lugar una cruz: la Cruz de los Valientes, símbolo de coraje y de ingenio frente a la fuerza bruta.

Hoy, los peregrinos que caminan hacia Santiago pueden detenerse en este punto, entre campos ondulados y horizontes amplios, y contemplar esa cruz de madera que evoca un tiempo en que la violencia estuvo a punto de estallar, pero que terminó resuelta en un duelo único. La leyenda recuerda que, en el Camino, las historias no se escriben solo con pasos y paisajes, sino también con la memoria viva de quienes lo habitaron.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

 GRATIFICANTES OPINIONES DE PEREGRINOS

En el albergue municipal de Tordesillas, cada jornada comienza y termina con el mismo gesto sencillo: abrir el libro de visitas sobre la mesa de recepción. Allí, entre sus páginas, se van acumulando las voces de quienes han hecho un alto en su Camino. Es un cuaderno humilde, de tapas ya algo gastadas por el paso de tantas manos, pero también es un testigo silencioso de cientos de experiencias, pensamientos y emociones.



Francisco y Manuel de Madrid - Luis de Barcelona 15 de abril 2025

Los peregrinos escriben poco, apenas unas líneas en la mayoría de los casos. A veces es una frase suelta, una reflexión espontánea o un agradecimiento sencillo. Otras veces, alguien se extiende un poco más y comparte una vivencia concreta, una anécdota del día o una impresión sobre el ambiente del albergue. Pero independientemente de la forma, lo que queda dentro de ese libro es siempre auténtico: un mensaje nacido del cansancio, la alegría, la sorpresa o el alivio de haber encontrado un refugio amable en medio del Camino.



Felipe de Mutxamel 25 de abril 2025

Para los hospitaleros, leer esas palabras es mucho más que una costumbre diaria. Es un bálsamo. Cada comentario, por breve que sea, confirma que el esfuerzo invertido —las horas de atención, la limpieza, la escucha paciente, la información ofrecida, y en ocasiones incluso el simple gesto de acompañar en silencio— tiene un sentido profundo. El hospitalero da su tiempo sin esperar nada a cambio, más allá de ofrecer descanso y acogida. Y, sin embargo, cuando un peregrino decide dedicar unos minutos a dejar su huella en el libro, ese pequeño gesto se convierte en un regreso simbólico de todo lo que se les ha dado.



Anne Marie de Auzon (Francia) y Jaris de Sainte Florise (Países Bajos) 28 de abril 2025

En un Camino donde cada día se encuentran nuevos paisajes, nuevos retos y nuevos rostros, el libro de visitas permanece como un hilo continuo que une a quienes pasan por el albergue. Es una memoria compartida, hecha de palabras sinceras, que recuerda que la hospitalidad sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la ruta jacobea.

Por eso, a todos los peregrinos que se detienen a escribir, nuestro más profundo agradecimiento. Sus notas nos animan, nos ayudan a mejorar y, sobre todo, nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos. Gracias por dedicar unos instantes a tenernos presentes, como contraparte al tiempo y la dedicación que el hospitalero ofrece desinteresadamente.


Javier y 8 compañeros más de Valdemoro 3 mayo 2025

Ultreia, y buen Camino para todos.