EL CAMINO FRANCÉS EN LOS CUPONES DE LA ONCE (LIV)
CAMINO FISTERRA A MUXÍA
El día 12 de julio de 2010 la ONCE puso en circulación un cupón dedicado al Camino Fisterra a Muxía con un valor nominal de 1,50 €. En él se representa el itinerario entre Santiago, Fisterra y Muxía con la leyenda de: Camino que tiene en Compostela su origen y en la Costa de la Muerte la meta. También se presenta el anagrama del Xacobeo 2.010. Una curiosidad, aparece la Cruz de Santiago suplantando a la “I” en la palabra CAMINO.
Hay peregrinos que, después de llegar a Santiago de Compostela, recoger la Compostela y visitar al Apóstol, dan por terminado su viaje. Otros, sin embargo, sienten que todavía les queda algo por hacer y deciden seguir caminando hasta Fisterra y Muxía, allí donde Galicia se encuentra cara a cara con el Atlántico.
Y así comienza una nueva aventura, con la mochila a la espalda y las botas de nuevo en marcha. El camino se aleja de Santiago por senderos rurales, pequeñas aldeas y bosques que parecen sacados de otra época. Por el camino aparecen las casas de piedra, los hórreos, los campos verdes y esos rincones gallegos donde el tiempo parece transcurrir sin demasiadas prisas. No faltan los saludos de los vecinos, las conversaciones con otros peregrinos ni la parada en algún bar para reponer fuerzas con un café y algo de comer.
Después está Muxía, con el santuario
de la Virxe da Barca y ese mar bravo que golpea las piedras sin descanso. Entre
el sonido del agua y el viento que suele acompañar a estas costas, uno
comprende por qué tantos caminantes sienten la necesidad de llegar hasta este
rincón de Galicia. Aquí se encuentran las famosas piedras que conformaban la
barca en la que llegó la Virgen: piedras del Cadrí, de abalar y del timón.
El Camino de Fisterra y Muxía tiene en Compostela su punto de partida y en la Costa da Morte su gran meta. Es un camino para andar sin demasiadas prisas, disfrutar de los paisajes, compartir experiencias y saborear esos pequeños momentos que terminan siendo los más recordados.
Porque, a veces, después de alcanzar
Santiago, todavía nos queda el mejor regalo: seguir caminando hasta donde la
tierra parece acabarse y el mar se adueña de todo el horizonte.
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