PRIMER PEREGRINO EN LLEGAR A TORDESILLAS EN
2025
Ahora
que nos encaminamos al finiquito del año 2025, quiero cerrarlo con lo que
escribí el 3 de enero sobre la “historia peregrinal” de Eduardo y que
voluntariamente no la publiqué entonces con la intención de hacerlo en estas
fechas. Ahí va:
Tres
de enero del recién estrenado 2.025. La puerta del albergue se abre con lentitud
y un hombre entra visiblemente agotado, cubierto de sudor frío y con el rostro
marcado por el viento helado de la noche. Su mochila, desgastada por días de
camino, cuelga de su espalda y su mirada refleja la mezcla de cansancio extremo
y una leve satisfacción por haber llegado, aunque tarde, al refugio que tanto
necesitaba.
¡Buenas
noches!, dice con voz rasposa, casi inaudible por el esfuerzo de las últimas
horas de marcha. El hospitalero, que ya había dado por cerrado el día, levanta
la mirada al escuchar la voz y se acerca rápidamente.
¡Hola!
¡Bienvenido al albergue de Tordesillas!, responde el hospitalero, reconociendo
al peregrino de inmediato. Te estaba esperando. Ya habías concertado tu entrada
hace unos días, ¿verdad?.
El
peregrino asiente con la cabeza, sin mucha energía para hablar. Tras un breve
respiro, comienza a narrar su jornada.
Soy
de Eibar, dice, y hace una pausa, como si pronunciar esas palabras le costara
un esfuerzo físico adicional. Hoy he hecho 70 kilómetros. Salí a las 5 de la
mañana, pero el frío… el viento cortante me ha ralentizado más de lo que
pensaba. Cada paso era más difícil que el anterior. El camino, aunque hermoso,
hoy ha sido implacable. He tenido que pelear contra el viento helado, contra la
fatiga, y contra el miedo a no llegar a tiempo. Pero aquí estoy, al fin.
El
peregrino se detiene un momento, mirando al suelo, mientras deja que las
palabras se asienten en el aire. Parece que cada uno de los kilómetros
recorridos hoy pesa sobre sus hombros como un lastre.
Empecé
esta aventura en Sanlúcar de Barrameda, -continúa, esta vez con un suspiro de
alivio-. Hace catorce días que comencé a caminar. Mi destino es mi casa, pero
he decidido hacerlo a pie, como una forma de reencontrarme conmigo mismo, de
tomarme un tiempo para pensar. La vida… a veces es necesario dar un paso atrás,
alejarse para poder ver las cosas con claridad. Y el Camino me está ayudando a
eso.
El
hospitalero lo observa con atención, notando la serenidad que empieza a entrar
en la voz del peregrino, a pesar de la dureza del día. 70 kilómetros hoy… ¡Eso
es impresionante! Debes estar agotado, -comenta mientras le ofrece una manta y
le señala una silla para que pueda descansar.
Lo
estoy, responde el peregrino, sonriendo débilmente por primera vez desde que
entró. Pero sé que esto es parte del Camino. El frío, el dolor, el cansancio…
todo tiene un propósito. No solo en el Camino, sino también en la vida. Hoy,
por ejemplo, he tenido tiempo de pensar mucho, de recordar viejos momentos, de
entender lo que realmente importa. Al final, aunque el cuerpo esté exhausto, el
alma sigue adelante.
El
hospitalero asiente en silencio, mientras ofrece cama al peregrino. El lugar
está tranquilo, el bullicio del día se ha ido, y solo queda el sonido de los
radiadores luchando contra el frío exterior. El peregrino se acomoda, agradece
la hospitalidad y se deja caer en la cama con una expresión de alivio.
¡Gracias
por todo!, dice antes de cerrar los ojos, ya casi sin fuerzas. Sé que el Camino
sigue, que mañana será otro día, pero hoy… hoy simplemente quiero descansar. El
frío no me ha vencido. El Camino no me ha vencido.
El
hospitalero, después de asegurarse de que todo está en orden, lo observa en
silencio por un momento. Luego, con una sonrisa tranquila, se aleja hacia la
entrada del albergue, dejando al peregrino descansar en paz. Sabe que, como
siempre, el Camino sigue, y que cada paso, cada jornada, tiene su propia
historia que contar.
Y
así, en la quietud de la noche tordesillana, el primer peregrino en llegar al
albergue municipal de Tordesillas se pierde en sus sueños, mientras el viento
sigue soplando afuera, como si también él quisiera acompañarlo en su camino
hacia casa.
ULTREIA,
peregrino