miércoles, 31 de diciembre de 2025

 GRACIAS AMIGOS PEREGRINOS

Rozando ya el finiquito de 2025, es momento de detenernos y recordar, en este caso con profundo agrado, a todos aquellos peregrinos que han pasado por el albergue municipal de Tordesillas: quienes aquí descansaron, compartieron vivencias y disfrutaron de nuestras instalaciones y, sobre todo, de nuestra hospitalidad.

Han sido muchos los encuentros, las historias y las reflexiones compartidas a lo largo del camino; algunas sencillas, otras más complejas, especialmente con quienes no hablan nuestro idioma, pero que siempre han encontrado en el gesto, la escucha y la cercanía una forma universal de entendimiento. Desde el primer momento, hemos mantenido una actitud abierta y una acogida lo más humana y cercana posible, una forma de hospitalidad que, sin duda, nos ha brindado resultados muy positivos y experiencias inolvidables.


Con ilusión renovada, ya nos preparamos para el próximo curso, que dará comienzo el 1 de enero de 2026. Aquí seguiremos, con las puertas abiertas y con más ganas que nunca de atender, acompañar y comprender a todos los peregrinos que decidan compartir tiempo de calidad con los hospitaleros. Será un honor seguir formando parte de vuestras aventuras, de vuestros esfuerzos y de vuestros sueños en el camino.

Os esperamos con los brazos abiertos. Muchas gracias por confiar en nosotros.
Venturoso año 2026.
ULTREIA.

martes, 23 de diciembre de 2025

 ¡FELIZ NAVIDAD Y BUEN CAMINO!

Desde el albergue de Tordesillas os enviamos nuestro más cálido abrazo en estas fiestas. La Navidad nos recuerda que el camino no solo se recorre con pasos, sino también con esperanza, con fe y con la alegría de compartir.

Que cada jornada os regale la luz de Belén en vuestros corazones, que el cansancio se alivie con la hospitalidad que aquí os ofrecemos, y que la estrella que guía a los caminantes os acompañe hasta vuestros destinos.



Con gratitud por vuestra presencia y con ilusión por volver a recibiros, os deseamos paz, salud y buen camino en la vida.

Los hospitaleros del albergue de Tordesillas

lunes, 22 de diciembre de 2025

 PRIMER PEREGRINO EN LLEGAR A TORDESILLAS EN 2025

Ahora que nos encaminamos al finiquito del año 2025, quiero cerrarlo con lo que escribí el 3 de enero sobre la “historia peregrinal” de Eduardo y que voluntariamente no la publiqué entonces con la intención de hacerlo en estas fechas. Ahí va:

Tres de enero del recién estrenado 2.025. La puerta del albergue se abre con lentitud y un hombre entra visiblemente agotado, cubierto de sudor frío y con el rostro marcado por el viento helado de la noche. Su mochila, desgastada por días de camino, cuelga de su espalda y su mirada refleja la mezcla de cansancio extremo y una leve satisfacción por haber llegado, aunque tarde, al refugio que tanto necesitaba.

¡Buenas noches!, dice con voz rasposa, casi inaudible por el esfuerzo de las últimas horas de marcha. El hospitalero, que ya había dado por cerrado el día, levanta la mirada al escuchar la voz y se acerca rápidamente.

¡Hola! ¡Bienvenido al albergue de Tordesillas!, responde el hospitalero, reconociendo al peregrino de inmediato. Te estaba esperando. Ya habías concertado tu entrada hace unos días, ¿verdad?.

El peregrino asiente con la cabeza, sin mucha energía para hablar. Tras un breve respiro, comienza a narrar su jornada.

Soy de Eibar, dice, y hace una pausa, como si pronunciar esas palabras le costara un esfuerzo físico adicional. Hoy he hecho 70 kilómetros. Salí a las 5 de la mañana, pero el frío… el viento cortante me ha ralentizado más de lo que pensaba. Cada paso era más difícil que el anterior. El camino, aunque hermoso, hoy ha sido implacable. He tenido que pelear contra el viento helado, contra la fatiga, y contra el miedo a no llegar a tiempo. Pero aquí estoy, al fin.

El peregrino se detiene un momento, mirando al suelo, mientras deja que las palabras se asienten en el aire. Parece que cada uno de los kilómetros recorridos hoy pesa sobre sus hombros como un lastre.

Empecé esta aventura en Sanlúcar de Barrameda, -continúa, esta vez con un suspiro de alivio-. Hace catorce días que comencé a caminar. Mi destino es mi casa, pero he decidido hacerlo a pie, como una forma de reencontrarme conmigo mismo, de tomarme un tiempo para pensar. La vida… a veces es necesario dar un paso atrás, alejarse para poder ver las cosas con claridad. Y el Camino me está ayudando a eso.

El hospitalero lo observa con atención, notando la serenidad que empieza a entrar en la voz del peregrino, a pesar de la dureza del día. 70 kilómetros hoy… ¡Eso es impresionante! Debes estar agotado, -comenta mientras le ofrece una manta y le señala una silla para que pueda descansar.

Lo estoy, responde el peregrino, sonriendo débilmente por primera vez desde que entró. Pero sé que esto es parte del Camino. El frío, el dolor, el cansancio… todo tiene un propósito. No solo en el Camino, sino también en la vida. Hoy, por ejemplo, he tenido tiempo de pensar mucho, de recordar viejos momentos, de entender lo que realmente importa. Al final, aunque el cuerpo esté exhausto, el alma sigue adelante.

El hospitalero asiente en silencio, mientras ofrece cama al peregrino. El lugar está tranquilo, el bullicio del día se ha ido, y solo queda el sonido de los radiadores luchando contra el frío exterior. El peregrino se acomoda, agradece la hospitalidad y se deja caer en la cama con una expresión de alivio.

¡Gracias por todo!, dice antes de cerrar los ojos, ya casi sin fuerzas. Sé que el Camino sigue, que mañana será otro día, pero hoy… hoy simplemente quiero descansar. El frío no me ha vencido. El Camino no me ha vencido.

El hospitalero, después de asegurarse de que todo está en orden, lo observa en silencio por un momento. Luego, con una sonrisa tranquila, se aleja hacia la entrada del albergue, dejando al peregrino descansar en paz. Sabe que, como siempre, el Camino sigue, y que cada paso, cada jornada, tiene su propia historia que contar.

Y así, en la quietud de la noche tordesillana, el primer peregrino en llegar al albergue municipal de Tordesillas se pierde en sus sueños, mientras el viento sigue soplando afuera, como si también él quisiera acompañarlo en su camino hacia casa.

ULTREIA, peregrino

viernes, 12 de diciembre de 2025

 CAMINAR CON EL CORAZÓN

Cuando San Juan Pablo II pronunció aquellas palabras —“Cuando tus piernas están cansadas, camina con tu corazón”— ofrecía una enseñanza profundamente humana y espiritual. En su aparente sencillez, la frase encierra una sabiduría que toca el fondo del alma: la certeza de que no siempre se trata de avanzar con fuerza física, sino con convicción interior.



Hay momentos en la vida en los que el cansancio nos alcanza de verdad. No solo el cansancio del cuerpo, sino ese que nace del alma: el peso de las preocupaciones, de los fracasos, de las heridas invisibles que se acumulan con el tiempo. Entonces, las piernas —símbolo de nuestra voluntad, de nuestro impulso cotidiano— ya no responden como antes. Es ahí cuando Juan Pablo II nos invita a cambiar el modo de caminar: a hacerlo con el corazón.

Caminar con el corazón significa seguir adelante por amor. Es la fe la que se convierte en paso; es la esperanza la que toma el relevo cuando la fuerza humana se agota. El corazón, lleno de sentido y de presencia, se vuelve brújula y sostén. Caminar con el corazón es mirar hacia arriba cuando todo alrededor parece oscuro; es avanzar no porque el camino sea fácil, sino porque hay un propósito que lo sostiene.



Este mensaje no solo habla a los creyentes, sino a todos los que alguna vez han sentido el peso del cansancio y, sin embargo, han decidido continuar. Nos recuerda que lo esencial no es llegar rápido, sino llegar fieles. Que los pasos más valiosos no siempre se notan en el suelo, sino en la profundidad del alma que se niega a rendirse.

En el fondo, esta frase es un llamado a transformar el sufrimiento en ofrenda, la debilidad en confianza, el cansancio en oración. Porque cuando las piernas ya no pueden, el corazón —ese lugar donde habita Dios y donde se guardan los sueños— tiene la capacidad de levantar al ser humano y hacerlo seguir andando, incluso sobre la arena del desierto o bajo la lluvia de las pruebas.



Caminar con el corazón es, en definitiva, hacer de la vida una peregrinación interior. Es dejar que cada paso, aun el más pequeño, sea una expresión de amor. Y cuando el cuerpo flaquea, cuando todo parece perdido, recordar que quien camina desde el corazón nunca está solo: lleva en su interior la fuerza silenciosa del Espíritu, que siempre empuja hacia adelante.

viernes, 5 de diciembre de 2025

 LA CRUZ DE LOS VALIENTES:

UN DUELO POR HONOR EN EL CAMINO

Entre Grañón y Santo Domingo de la Calzada, a la vera del Camino de Santiago, se levanta una sencilla cruz de madera. A primera vista parece uno de tantos hitos que acompañan al peregrino, pero la tradición le otorga un trasfondo legendario: la Cruz de los Valientes recuerda un duelo singular que quiso evitar una guerra.


Cuentan las crónicas populares que, en tiempos pasados, surgió una fuerte disputa entre los vecinos de Grañón y los de Santo Domingo de la Calzada por la posesión de unas tierras situadas en la frontera de ambos términos. La tensión crecía hasta el punto de amenazar con un enfrentamiento abierto entre pueblos. Para impedir la sangre, se decidió recurrir a una solución más simbólica y honorable: en lugar de una batalla, habría un combate singular entre dos representantes, uno de cada villa. El vencedor se llevaría el encinar para su pueblo.

El elegido por Santo Domingo fue un luchador entrenado, alimentado con manjares y preparado como si fuera a competir en los juegos olímpicos medievales. En cambio, Grañón confió en Martín García, un agricultor robusto, curtido por el trabajo diario y alimentado con humildes caparrones (alubias rojas), símbolo de la dieta campesina.



El día del combate, el calceatense apareció embadurnado en aceite, estrategia pensada para dificultar cualquier agarre. Pero lo que nadie esperaba era la reacción de Martín García. Ante la imposibilidad de sujetar a su resbaladizo oponente, recurrió a una maniobra tan inesperada como efectiva: introdujo un dedo en el orificio anal del contrincante, lo levantó en vilo y lo lanzó lejos, provocando la rendición inmediata del luchador de Santo Domingo.

La victoria otorgó a Grañón la posesión de las tierras disputadas, y para recordar el suceso se levantó en el lugar una cruz: la Cruz de los Valientes, símbolo de coraje y de ingenio frente a la fuerza bruta.

Hoy, los peregrinos que caminan hacia Santiago pueden detenerse en este punto, entre campos ondulados y horizontes amplios, y contemplar esa cruz de madera que evoca un tiempo en que la violencia estuvo a punto de estallar, pero que terminó resuelta en un duelo único. La leyenda recuerda que, en el Camino, las historias no se escriben solo con pasos y paisajes, sino también con la memoria viva de quienes lo habitaron.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

 GRATIFICANTES OPINIONES DE PEREGRINOS

En el albergue municipal de Tordesillas, cada jornada comienza y termina con el mismo gesto sencillo: abrir el libro de visitas sobre la mesa de recepción. Allí, entre sus páginas, se van acumulando las voces de quienes han hecho un alto en su Camino. Es un cuaderno humilde, de tapas ya algo gastadas por el paso de tantas manos, pero también es un testigo silencioso de cientos de experiencias, pensamientos y emociones.



Francisco y Manuel de Madrid - Luis de Barcelona 15 de abril 2025

Los peregrinos escriben poco, apenas unas líneas en la mayoría de los casos. A veces es una frase suelta, una reflexión espontánea o un agradecimiento sencillo. Otras veces, alguien se extiende un poco más y comparte una vivencia concreta, una anécdota del día o una impresión sobre el ambiente del albergue. Pero independientemente de la forma, lo que queda dentro de ese libro es siempre auténtico: un mensaje nacido del cansancio, la alegría, la sorpresa o el alivio de haber encontrado un refugio amable en medio del Camino.



Felipe de Mutxamel 25 de abril 2025

Para los hospitaleros, leer esas palabras es mucho más que una costumbre diaria. Es un bálsamo. Cada comentario, por breve que sea, confirma que el esfuerzo invertido —las horas de atención, la limpieza, la escucha paciente, la información ofrecida, y en ocasiones incluso el simple gesto de acompañar en silencio— tiene un sentido profundo. El hospitalero da su tiempo sin esperar nada a cambio, más allá de ofrecer descanso y acogida. Y, sin embargo, cuando un peregrino decide dedicar unos minutos a dejar su huella en el libro, ese pequeño gesto se convierte en un regreso simbólico de todo lo que se les ha dado.



Anne Marie de Auzon (Francia) y Jaris de Sainte Florise (Países Bajos) 28 de abril 2025

En un Camino donde cada día se encuentran nuevos paisajes, nuevos retos y nuevos rostros, el libro de visitas permanece como un hilo continuo que une a quienes pasan por el albergue. Es una memoria compartida, hecha de palabras sinceras, que recuerda que la hospitalidad sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la ruta jacobea.

Por eso, a todos los peregrinos que se detienen a escribir, nuestro más profundo agradecimiento. Sus notas nos animan, nos ayudan a mejorar y, sobre todo, nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos. Gracias por dedicar unos instantes a tenernos presentes, como contraparte al tiempo y la dedicación que el hospitalero ofrece desinteresadamente.


Javier y 8 compañeros más de Valdemoro 3 mayo 2025

Ultreia, y buen Camino para todos.

sábado, 29 de noviembre de 2025

 ¿QUIÉN ES MÁS PEREGRINO?

 “EL CAMINO SE MIDE EN HONDURA, NO EN KILÓMETROS”

La pregunta que se plantea —si es más peregrino quien ha recorrido decenas de rutas hacia Santiago buscando convertirse en una “estrella del Camino”, o aquel que se adentra por primera vez en la senda buscando reflexión y el sentir original de la peregrinación— nos enfrenta a un dilema tan antiguo como el propio acto de caminar: ¿Qué es lo que define realmente a un peregrino?


A primera vista, podría parecer que la experiencia repetida otorga una suerte de autoridad: quien ha cruzado muchas veces los valles, los pueblos y las montañas del Camino conoce sus ritmos, sus sombras y sus luces. Pero la acumulación de credenciales no siempre conlleva profundidad. En ocasiones, la costumbre adormece la mirada; el Camino, que es un lugar de revelaciones, puede volverse un itinerario previsto, casi una rutina.

Por otro lado, el peregrino que llega por primera vez lo hace desprovisto de certezas. Tiene la inconsciente valentía de quien ignora lo que le espera: el cansancio que cala, el silencio que abruma, la conversación inesperada que reconforta, o el despertar de preguntas que no sabía que llevaba dentro. La primera vez nunca es sólo un viaje: es una apertura. Y en esa apertura reside una forma de autenticidad que no se compra con kilómetros.

Sin embargo, reducir la esencia del peregrino a la novedad o a la repetición sería injusto. El Camino no distingue entre veteranos y novatos; distingue entre quienes caminan “de verdad” y quienes sólo avanzan. Hay peregrinos experimentados que, a pesar de sus múltiples rutas, conservan intacta la capacidad de asombro. Siguen mirando el amanecer como si fuera el primero y escuchan la voz del sendero con humildad. Y hay primerizos que, aun sin experiencia, pueden atravesar la ruta con una profundidad que conmueve, porque escuchan cada paso como un maestro.

La pregunta, en el fondo, nos lleva a comprender que ser peregrino no depende de cuántas veces se ha andado el Camino, sino de cómo se habita cada paso. No es la cantidad, sino la intención. No es la distancia recorrida, sino la transformación que ocurre mientras se avanza. El Camino es, sobre todo, un estado de conciencia.

Quizá la verdadera respuesta sea que es más peregrino quien se deja tocar por lo que vive, quien acepta la incertidumbre de la senda, quien camina sin buscar títulos ni aplausos, y quien llega a Santiago —o no llega— habiendo descubierto un poco más de sí mismo.

Porque al final, el Camino no se convierte en estrella a quien lo repite, sino a quien lo comprende. Y esa comprensión puede nacer tanto en el primer paso como en el número mil. La verdadera distancia del peregrino no la marca el mapa, sino la profundidad con la que deja huella el camino en su interior.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

 LA FONTE DE FRANCO

MEMORIA DE AGUA Y CAMINO

La Fonte do Franco es considerada una de las fuentes más antiguas y enigmáticas de la ciudad, una presencia silenciosa al final de la Rúa do Franco, muy cerca de la Fonte de Fonseca. Su origen se envuelve en un conjunto de leyendas que la sitúan en tiempos remotos, cuando, según la tradición, se realizaba la traslación del cuerpo del Apóstol Santiago.



Una de las historias más antiguas afirma que, en el siglo I, los bueyes que tiraban del carro con los restos del Apóstol se detuvieron en ese preciso lugar, acuciados por la sed. Al escarbar la tierra con sus pezuñas, hicieron brotar de las entrañas del suelo un manantial de agua fresca. Así habría nacido la fuente, convertida desde entonces en un hito simbólico para la Ruta Xacobea.

Otra tradición, no menos prodigiosa, asegura que la fuente era milagrosa: un peregrino italiano, casi ciego por la fatiga del viaje, recuperó la visión al beber de su caño. Este prodigio y la figura de Franco de Gamma —personaje que dio nombre a la calle y cuya historia se entrelaza con la propia fuente— afianzaron la costumbre entre los peregrinos de beber de sus aguas antes de entrar en la ciudad santa.



Dejando atrás la leyenda, los datos más fiables sitúan su origen en el siglo X, en pleno proceso de crecimiento urbano que dio lugar al Vicus Francorum, el barrio de los francos o comerciantes foráneos. A lo largo de los siglos, la fuente experimentó numerosas transformaciones. En el siglo XVI, el oficial de cantería Gregorio de Seoane describía ya su deterioro, lamentando que apenas diera agua. En 1686, el vecino de la casa sobre la que descansaba la fuente intentó canalizar el manantial hacia su vivienda. Aunque se le concedió una parte de la petición, el resultado fue desastroso para el vecindario: del caño público apenas salía más que suciedad.

Una inspección reveló entonces que el manantial no pertenecía al supuesto propietario. El alcalde ordenó construir una bóveda que protegiera el nacimiento del agua y una arqueta de acceso para permitir su limpieza y mantenimiento. Posteriormente, en 1830, la fuente fue reconstruida por completo, y un año después se repararon sus caños deteriorados.



Hoy, la Fonte do Franco permanece seca, con sus dos caños mudos, pese a que todavía se escucha correr el agua bajo el suelo que la rodea. Se encuentra por debajo del nivel de la calle, accesible sólo a través de unas escaleras ahora cerradas por un portal. Su presencia, escondida pero latente, conserva el eco de su historia: un lugar donde mito y memoria conviven en la penumbra de la vieja ciudad, recordando a los caminantes que allí, donde hoy no brota el agua, nacieron antaño leyendas que acompañaron al peregrino hacia Santiago.

domingo, 16 de noviembre de 2025

 LA LUZ SIEMPRE NACE

EN EL CAMINO DEL QUE NO SE RINDE

A mediados del mes de febrero, pernoctó en el albergue municipal de Tordesillas el peregrino Eric, proveniente de Oliva. Durante la conversación distendida que mantuvimos me ofreció una especie de sentencia que me sonaba de haberla escuchado en algún otro momento y que comparto totalmente en el fondo:”La luz siempre nace en el camino del que no se rinde”.


Y es que en el Camino, hay mañanas en las que el cansancio pesa más que la mochila, y tardes en las que los kilómetros parecen multiplicarse bajo el sol o la lluvia. Sin embargo, es precisamente en esos momentos —cuando el ánimo flaquea, cuando los pies arden, cuando la duda susurra— donde el Camino revela su verdad más profunda: la luz nace en quien sigue adelante, paso a paso, aunque sea despacio.

El Camino de Santiago nunca ha sido solo una ruta, un sendero a seguir, un medio para llegar hasta la tumba del Apóstol en la Ciudad Santa. Es un espejo. Un espacio donde uno descubre que la verdadera fuerza no está en llegar rápido, sino en no detenerse. Que cada amanecer, que cada día recién estrenado trae una oportunidad nueva, y que la claridad interior suele aparecer justo después de los tramos más difíciles.


“La luz siempre nace en el camino del que no se rinde”, frase jacobea que podemos aplicarla en un amplio significado,  no habla solo del peregrino, sino de cualquier persona que atraviesa su propia senda, con sus dudas, sus rupturas y sus búsquedas. Perseverar no es avanzar sin miedo, sino hacerlo a pesar del miedo.

Y así, mientras el Camino serpentea entre pueblos, bosques y horizontes que parecen alejarse, uno descubre que la luz no está únicamente en la meta: está en seguir andando, incluso cuando cuesta.
Porque el que no se rinde, tarde o temprano, siempre encuentra su amanecer.

miércoles, 12 de noviembre de 2025

 EL CAMINO FRANCÉS EN LOS CUPONES 

DE LA ONCE (L) 

 

SANTIAGO DE COMPOSTELA


El día 6 de julio de 2010 la ONCE puso en circulación un cupón dedicado a Santiago de Compostela con un valor nominal de 1,50 €. En él se representa la fachada barroca de la catedral y aparece una llamada con el titular de Patrimonio de la Humanidad.  También se presenta el anagrama del Xacobeo 2.010. Una curiosidad,  aparece la Cruz de Santiago suplantando a la “I” en la palabra CAMINO.


La Catedral de Santiago de Compostela es el destino final del Camino de Santiago y una de las grandes joyas del arte europeo. Su fachada principal, orientada hacia la plaza del Obradoiro, es una obra maestra del barroco gallego y una de las imágenes más icónicas de la arquitectura española.

A mediados del siglo XVIII, la vieja fachada románica del siglo XII —obra del maestro Mateo— mostraba signos de deterioro y se consideraba insuficiente para representar la grandeza espiritual y simbólica del santuario. La intención no era demoler lo antiguo, sino proteger el Pórtico de la Gloria y al mismo tiempo embellecer la entrada principal.

El cabildo catedralicio encargó la nueva fachada al arquitecto Fernando de Casas y Novoa, quien trabajó en ella entre 1738 y 1750, culminando así la etapa barroca del templo.

La fachada del Obradoiro presenta una estructura monumental, equilibrada y dinámica, típica del barroco pleno. Se organiza en tres cuerpos verticales y está coronada por dos altas torres gemelas: la Torre de las Campanas y la Torre de la Carraca, que alcanzan aproximadamente 74 metros de altura.

El cuerpo central, ricamente ornamentado, se abre con un gran ventanal enmarcado por columnas salomónicas —elemento característico del barroco— que generan un juego de curvas, contracurvas y sombras que dotan de movimiento y teatralidad a toda la composición.

El conjunto escultórico tiene una fuerte carga simbólica y religiosa. En la parte superior destaca la figura del Apóstol Santiago en actitud de peregrino, con bastón y sombrero, acogiendo a los caminantes que llegan exhaustos a Compostela. A sus lados aparecen ángeles, santos y apóstoles, mientras que en el remate superior se alza una cruz triunfante, signo de victoria espiritual.

Cada detalle de la fachada está concebido para transmitir un mensaje de exaltación de la fe, integrando arquitectura, escultura y luz. De día, el granito gallego refleja tonos dorados; de noche, la fachada adquiere un aspecto casi místico bajo la iluminación, reforzando su carácter trascendente.

La fachada se asienta sobre una gran escalinata, construida también en el siglo XVIII, que une el nivel de la catedral con la plaza del Obradoiro, centro vital de la ciudad. Esta plaza está rodeada por algunos de los edificios más importantes de Santiago: el Palacio de Raxoi, el Colegio de San Xerome y el Hostal de los Reyes Católicos. Juntos conforman un escenario monumental que representa el poder espiritual, civil, académico y hospitalario de la ciudad santa.

El estilo de la fachada del Obradoiro representa la culminación del barroco compostelano, caracterizado por su expresividad, riqueza ornamental y la búsqueda de la luz y el movimiento. Aunque exuberante, mantiene una profunda armonía con la estructura románica de la catedral, que se conserva intacta tras ella.

Fernando de Casas y Novoa logró integrar lo nuevo y lo antiguo en una obra unitaria y majestuosa, donde la piedra se convierte en espectáculo y emoción religiosa.

Más allá de su valor artístico, la fachada del Obradoiro simboliza la meta espiritual del peregrino. Después de recorrer cientos de kilómetros, el caminante contempla ante sí esta imponente fachada, donde el Apóstol lo recibe desde las alturas. Es la imagen del triunfo del espíritu sobre el cansancio y la fe sobre la distancia.

A lo largo de los siglos, la fachada ha sido objeto de numerosas restauraciones, la más reciente a comienzos del siglo XXI, que devolvió su esplendor original y garantizó su conservación frente al paso del tiempo y la humedad gallega.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

 TRAVESÍA JACOBEA DE UNOS TORDESILLANOS

Corría la primera quincena del mes de septiembre, ese mes en que los días se vuelven dorados y el aire empieza a oler a despedida del verano y en Tordesillas se  celebran las fiestas patronales de la Virgen de la Peña,  cuando María Teresa, veterana bicigrina ya de varios caminos, volvió a sentir el viejo impulso: ese llamado del Camino de Santiago que mezcla aventura, espiritualidad y amistad. Así que, como en otras ocasiones, se acercó al albergue municipal de Tordesillas para solicitar cinco credenciales. Cinco nombres se inscribieron en ellas: Melo, Lolo, Mari, Mariano… y la propia MariTere, que se uniría un poco más tarde al grupo.

Bajo un cielo despejado, los bicigrinos partieron desde Tordesillas con la determinación silenciosa de quien sabe que el Camino no se mide solo en kilómetros, sino en emociones y descubrimientos. En total, 470 kilómetros los separaban de su destino final, una cifra que resonaba entre desafío y promesa.

Las dos primeras etapas fueron un regalo para el cuerpo y el ánimo: tierra de campos, amplios horizontes y caminos suaves donde el pedaleo se volvía casi una meditación. Ciento veinte kilómetros diarios que discurrían entre pueblos tranquilos, maizales y trigales ya cosechados, con el viento del norte soplando como compañero constante.

Pero el Camino, fiel a su esencia, siempre guarda pruebas. En las tres jornadas siguientes, el terreno se volvió más exigente: cuestas prolongadas, caminos pedregosos y el cansancio acumulado que empezaba a pesar en las piernas y en la mente. Aun así, el grupo siguió adelante, alentándose unos a otros, compartiendo risas, silencios y ese tipo de conversaciones que solo nacen cuando la rueda gira y el paisaje cambia sin cesar.

Cuando finalmente alcanzaron  meta en la Ciudad Santa, no hubo grandes gestos ni alardes. Solo la satisfacción callada de haberlo conseguido. Lo resumieron como una experiencia “muy fructífera, con etapas duras, sí, pero llenas de aprendizaje, de compañerismo, de ese sentimiento de plenitud que deja el esfuerzo compartido.”

Y mientras descansaban, con las bicicletas enhiestas ante la fachada de la catedral en la plaza del Obradoiro y el sol del atardecer tiñendo de oro los caminos recorridos se plantearon qué hacer el próximo año

Las miradas se cruzaron y las sonrisas se encendieron. Porque el Camino, una vez que te encuentra, nunca deja de llamarte. Y ellos, sin duda, volverán a responderle en 2026.

Pues Santiago os espera una vez para daros, de nuevo, la bienvenida a su  cripta catedralicia